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La guapa albaceteña cuenta que sufría bullying por ser alta y lo superó con el baloncesto

Sofía del Prado, natural de Villarrobledo, que a sus 22 años acaba de ser elegida la mujer más guapa de España y que representará a nuestro país en el certamen de Miss Universo en Las Vegas el próximo 26 de noviembre, no es sólo una cara bonita y un cuerpo perfecto. La manchega quiere ser también la voz contra el acoso escolar y se ha marcado como objetivo utilizar su reinado para dar visibilidad a un problema que ella sufrió en la niñez y la adolescencia y que superó gracias al baloncesto. "El baloncesto me cambió la vida. Para mí, este deporte lo supuso todo. Tenía 13 años cuando comencé a jugar en el Club Villarrobledo de Albacete y gracias a él superé el acoso escolar. Se metían conmigo por ser muy alta. Supuso empezar a socializar y a tener amigas. Todo el club me acogió como una familia y me hizo integrarme, además de enseñarme los valores que te da el deporte como son el compromiso, la responsabilidad y la disciplina", reconoce una de las embajadoras de la Liga Dia, la liga de baloncesto femenino que arrancó el pasado fin de semana.

Así lo recoge el diario Marca, en un reportaje en el que Sofía señala que era el blanco de las burlas de sus compañeros y en los recreos estaba sola, nadie quería jugar con ella. "Una de las cosas por las que más se metían conmigo era por mi altura (ahora mide 1,82). Me llamaban cuatro metros, jirafa, patilarga, de todo... Estaba sola, no tenía amigos y eso te va minando. Mi madre lo pasaba mal al verme sola pero me decía que no hiciera caso, que eran cosas de niños... Pero cuando eres niño no lo entiendes", explica. La situación tampoco mejoró en el Instituto, "entonces se metían conmigo en un plano más personal". Llegó a tener pintadas con insultos en la puerta de su casa.

Jugó hasta los 18 años. A esa edad se trasladó a Madrid para estudiar Relaciones Internacionales que ya ha terminado. Habla inglés perfecto y está estudiando árabe y francés. Ahora, al echar la vista atrás, ve toda esa etapa de su vida como un aprendizaje. "Fue negativo entonces pero ahora lo he transformado en algo positivo al poder ayudar a los que a día de hoy lo siguen sufriendo. No se trata de dar pena sino de que vean que se puede superar. A mí me costaba entender por qué se metían conmigo si yo no había hecho daño a nadie, pero aprendes la parte constructiva y a quien no le guste lo siento, voy a seguir aquí", dice con seguridad."Se metían conmigo por ser alta y con los años ha resultado ser una ventaja porque me ha permitido jugar al baloncesto y trabajar en la actualidad como modelo", explica sonriendo. "Y si el hecho de ser Miss ahora da visibilidad al problema y puedo ayudar, me sentiré completamente satisfecha. No quiero que mi título sea en vano", dice con convicción.