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¿Ha llegado la transformación digital a la gestión de grandes emergencias?

  • Publicado en Albacete

Incidentes como los incendios de Seseña y de Yeste, el accidente en la base aérea de Los Llanos (Albacete), las habituales nevadas invernales o terremotos como el de Tomelloso (Ciudad Real) o el de Hontanaya (Cuenca) ponen de manifiesto, una vez más, la importancia de una buena gestión de las posibles emergencias. Ya sean tragedias provocadas o catástrofes naturales como consecuencia de fenómenos medioambientales externos, la tecnología juega hoy en día un papel fundamental a la hora de minimizar los daños, tanto humanos como materiales. La magnitud y complejidad de este tipo de desastres requiere de unos niveles de respuesta muy elevados por parte de las autoridades y, por tanto, de sistemas que permitan una gestión perfecta ante cualquier crisis.

En este sentido, existen tres aspectos fundamentales que han de tenerse en cuenta. El primero de ellos es la prevención. Hemos de preguntarnos, ¿puede preverse? Ante la posibilidad de cualquier incidencia, es crucial el conocimiento previo del que podamos disponer. Esto puede suponer un cambio drástico en las consecuencias de cualquier acción e incluso su frustración en caso de que sea posible. El segundo de ellos es la comunicación con los afectados. Esta ha de ser rápida y clara e involucrar tanto a los medios como a las distintas vías de comunicación de las autoridades pertinentes. Paralelamente, el tercer factor, la coordinación y la gestión de crisis de forma interna. Esta ha de cubrir tres fases básicas: la geolocalización de las víctimas y la tipificación de la emergencia en cuestión; la coordinación de la respuesta asignando los recursos disponibles más adecuados, y manteniendo estos recursos sobre el terreno conectados (on-line) con el centro de mando; y finalmente la estabilización de la emergencia. En este punto, el análisis posterior de todo lo acontecido así como la recopilación de todos los datos generados, hilando con el primer aspecto, la prevención, es determinante para cerrar el círculo.

Para poder llevar a cabo todo el proceso de la manera más efectiva, los sistemas de gestión pueden y deben estar dotados actualmente de inteligencia. Los últimos avances en tecnología suponen un cambio drástico y una evolución vital en la manera de entender y actuar ante cualquier escenario. La recopilación y la organización de datos, tanto en la fase de prevención como en la propia gestión de la emergencia, son una pieza clave para lograr que todo funcione. Desde mapas de riesgos que permiten conocer a qué peligro se está siendo expuesto, organigramas y datos de contacto de cada organización involucrada o afectada, censos o instalaciones de interés geolocalizadas y modelos digitales del terreno a planes de emergencia y protocolos de actuación según el tipo y nivel de emergencia. La tecnología, además, ya permite relacionar todos estos elementos y configurar una respuesta dotando por tanto a estos sistemas de inteligencia. Asimismo, la omnicanalidad y la interconexión también son esenciales pues gracias a ello es posible coordinar a todos los agentes y organismos implicados, permitiendo la difusión de información en tiempo real no solo a los agentes sino también a la población, y la toma de mejores decisiones. Por último, la integración con otros sistemas, la independencia de las infraestructuras existentes permitiendo operar cuando exista una pérdida de comunicaciones y la simplicidad a la hora de su instalación, mantenimiento y uso también ha de tenerse muy presente.

Hoy en día la tecnología ofrece infinidad de oportunidades para mejorar nuestra calidad de vida y ya son muchos los territorios que han incorporado estos sistemas inteligentes para gestionar sus emergencias. El 112 de Andalucía, o la Guardia Urbana y Bomberos de Barcelona, son sólo algunos ejemplos a nivel nacional de organizaciones que han apostado por la inteligencia. Su implantación se ha hecho por tanto imprescindible, más aun teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, y por tanto, la tendencia es que aumente significativamente de aquí a los próximos años.