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Enamorar a través de los tiempos

  • Publicado en España

Cómo hemos cambiado… ¿Se ha perdido por completo el romanticismo, entendido como aquello que ensalza lo sentimental e incluso lo soñador? Habrá opiniones para todos los gustos al respecto, pero está claro que las damas y caballeros de hace unas décadas se perderían con facilidad en este laberinto “reggeatoniano” y de lanzamiento de flechazos virtuales.

No se ha perdido en sentimentalismo ni en deseos de gritar a los cuatros vientos lo que se siente por la otra persona. Basta con darse una vuelta por según qué perfiles en redes como Facebook, donde las dedicatorias de amor son diarias. Claro que ya no es preciso tener una mente audaz o un mínimo de creatividad para escribir esas dedicatorias de amor. Muchas webs poseen listado de dedicatorias de amor pero bueno, la intención es lo que cuenta.

 

La cortesía como principal baza

 

Lo del amor cortés es, en realidad, un concepto literario de la Europa medieval, pero hoy ha quedado ligado a aquella extensa época. Trovadores, poetas, juglares, e incluso las novelas de caballerías posteriores, han retratado para la posteridad un amor en el que lo caballeresco y la nobleza eran nota predominante.

Era un amor secreto, en muchos casos adúltero, manifestado sobre todo por el hombre hacia la mujer, y que incluso pasaba por diversas fases, según hubiera manifestado sus sentimientos o no, o según la dama hubiera mostrado reciprocidad. Hasta, por supuesto, culminar la relación.

Las mujeres eran, por aquella época, auténticas reinas de corazones. De hecho, se habla de la sumisión del caballero enamorado a las decisiones de la dama en cuestión, lo que le dejaba en una situación de sufrimiento. Las conquistadoras natas, eso sí, eran aquellas señoras que guardaban recato, lo que las hacía parecer algo frías. Gozaban, o así se las retrataba, de excelsas cualidades tan físicas como morales. La mujer quedaba idealizada.

 

El Don Juan, azote para las mujeres

En 1630 se data la obra de Tirso de Molina “El burlador de de Sevilla y convidado de piedra”, donde se retratara por primera vez el mito de Don Juan, un personaje arquetípico de origen español y que contó luego con gran trascendencia fuera de nuestras fronteras.

Eso sí, la obra cuenta con antecedentes, por lo que sería justo también mencionar a la compañía de Jerónimo Sánchez y a la versión que se conoce como “Tan largo me lo fiais”, de 1617, y que es posible escribiera el dramaturgo Andrés de Claramonte. A partir de él, Molière, José Zorrilla o Alejandro Dumas son solo algunos hombres de cuantos lo tuvieron presente en sus obras.

Don Juan es un libertino, un personaje atrevido y entregado a los vicios que se siente en la plena libertad de ir rompiendo corazones (o lo que se tercie), confiando en que la justicia divina le permitirá arrepentirse y ser perdonado. Es un galán, un hombre culto que, con una verborrea curtida en mil y una experiencias amorosas, aderezada con más de un engaño, consigue los favores de las mujeres que caen a sus pies. Pobre de ellas que se sienten exclusivas y especiales.

 

La relación de pareja plena, ¿misión imposible?

Hasta hace poco, el amor de pareja se había relacionado con toda una carrera de obstáculos. Hace unos siglos, por ejemplo, había que tener astucia suficiente para realizar y ver las diferentes acciones de las que el juego del amor se valía.

Sucedía así con el pañuelo, que requería de movimientos disimulados por parte de la mujer y lectura por la del hombre. Dejarlo caer, llevarlo suelto o pasarlo por una orej, eran formas de llamar la atención de él. Apoyarlo en una mejilla o en otra, guardarlo en un bolsillo o morderlo eran formas de dar una respuesta.

Los sentimientos se expresaban de forma más comedida, puesto que nadie quería ser tachado de tener una moral relajada. Había que conformarse con invitar o ser invitada a un baile, intercambiarse unas cartas de amor y, llegado el momento, pedirle permiso al padre para poder tener una cita. Él daría su visto bueno confiando en que se la “entregaba” a alguien de fiar, que acabaría pidiéndole matrimonio.

Lo encorsetada que se encontraba la pareja, sobre todo ella, no significa que el amor no encontrara sus cauces. Los hijos concebidos antes o incluso fuera del matrimonio y las historias que nos han quedado en torno a ellos, dan pistas de que la libido estaba igual de subida que ahora. Pero con menos métodos anticonceptivos.

 

Las grandes revoluciones del amor

Las referencias a la literatura o otras formas de artes para abordar la cuestión del amor a través de los tiempos ha de ser constante cuando, lógicamente, no había tantas opciones de registrar toda esa información como ahora. Hoy, decíamos, basta con escribir unas frases de desamor cortas en el perfil para dejar amplio testimonio, o para recibir unas preguntas cotillas sobre el porqué de esas frases de desamor. Desde luego, quien quiera evitarlas le bastará con no compartir esas frases de desamor tristes públicamente.

Si tuviéramos que señalar grandes revoluciones en lo que a cuestiones amorosas se refiere, la llegada del divorcio no podría faltar en la lista. La figura del abogado de divorcios se ha hecho popular desde que se legalizara en nuestro país, y hoy es más fácil conocer y contactar con abogados en Antequera, en la provincia de Málaga, o en cualquier otra del país.

La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo sería otro de los grandes hitos a resaltar, además de la llegada de las webs de citas. Estas parecen haberlo hecho todo más fácil, en cuanto a que se puede acceder a más personas y es más fácil buscar a alguien de perfil similar.

 

Superstición, lo que existe y existirá

Hay cosas que no cambian o que cambian menos. Todavía se siguen practicando los amarres de amor gratis, es decir, hechizos de amor gratis que se venden con el eslogan “amarres de amor para que regrese”.

En muchos casos se trata de hechizos caseros que comparten quienes creen en estos métodos, brujería, sortilegios, tarot, adivinación e incluso magia negra que sigue gozando de popularidad. Cada cual es libre de creer en lo que desee y, si calma la incertidumbre sin tener que rascar un céntimo, ¿por qué no?