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NO ES EL PSOE, QUE TAMBIÉN, ES LA SOCIALDEMOCRACIA

Si en los años ochenta el grupo vigués Golpes Bajos hizo suyo el verso Malos tiempos para la lírica, tomando prestado el título de un poema del poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, para componer una canción, ahora, treinta y tantos años después, de nuevo, se podría utilizar ese título para afirmar que corren malos tiempos para la socialdemocracia.

Es un hecho que la socialdemocracia no está de moda en Europa. Sobran demasiados dedos de una mano para contar los gobiernos socialdemócratas después de haber acaparado mucho poder en los años anteriores a la crisis económica y también es un hecho que desde el PSOE poco hemos aportado para revertir esta situación, porque es de todos conocido que los conflictos internos no ayudan a recuperar el apoyo de la ciudadanía y más cuando esos conflictos se producen después de la pérdida reiterada de elecciones y de afiliados, que las desgracias nunca vienen solas.

Es cierto que fue la socialdemocracia la que cimentó el Estado del Bienestar Social, también que la memoria de la ciudadanía es demasiado débil a la hora de recordar de dónde veníamos, pues nos acostumbramos tan pronto a lo bueno que nos pensamos que ciertas cosas siempre han estado ahí, al alcance de la mano, y desgraciadamente, también es cierto que los gobiernos socialdemócratas no han sabido capear el temporal de la crisis económica con el mismo desparpajo que si lo han hecho los gobiernos conservadores.

Al contrario que los partidos conservadores, que utilizaron la excusa de la crisis para meter la tijera donde llevaban años soñando y nunca se habían atrevido, sometiendo a las administraciones a un régimen tal de adelgazamiento que para sí lo quisiera el mismísimo Pierre Dukan. A los gobiernos socialdemócratas, por el contrario, les dio tanto vértigo pensar que tendrían que sacrificar parte de lo que consideraban sagrado e intocable para intentar salvar el resto, que quedaron paralizados. De repente, las líneas rojas que protegían al estado del Bienestar Social quedaron tan borrosas que no pasó casi nada cuando se cerraron camas de hospitalarias y colegios, o cuando se cercenaron de raíz derechos sociales que había costado años conquistar.

Digo mal, sí qué pasaron cosas, al menos dos. La primera que los gobiernos conservadores recuperaron el poder, perdieron la vergüenza y no cumplieron ni una sola de sus promesas electorales, y la segunda que comenzó el ascenso de los llamados partidos populistas, ya sean de derechas, muy muy de derechas o de izquierdas, muy de izquierdas, o al menos así se definen ellos.

El movimiento cinco estrellas italiano, los griegos de Syriza, los ingleses y su Brexit y las diferentes variantes de Podemos y sus confluencias en España son buenos ejemplos que vienen a confirmar esta tesis, aunque bien es cierto que salvo en Grecia todo lo demás ha sido amagar y no dar, y la verdad, para lo que les ha servido a los griegos, referéndum incluido, más vale que se hubieran quedado como estaban, por lo menos aún les quedaría la esperanza de que algo podría cambiar.

Y mientras tanto, el PSOE en particular y la socialdemocracia en general, salvo honrosas excepciones, continuamos perdiendo elecciones y afiliados, continuamos sin ofrecer un discurso creíble a los ojos de la ciudadanía y continuamos sin esa catarsis que solo se produce cuando se entona el mea culpa y se reconoce que hemos entrado fatal en el siglo XXI, con el pié cambiado y con una falta de empatía con la ciudadanía mucho más que preocupante.

Creo que la pregunta del millón es: ¿Qué se puede hacer cuando pintan bastos y no hay recursos suficientes para financiar todo lo que nos demanda la ciudadanía?, (o que creemos que nos lo demanda, que de todo hay). Solo cuando tengamos una respuesta coherente a esta cuestión, y en la que ya llevamos enredados más de seis años sin dar en el clavo, estaremos en condiciones de dar un paso al frente y postularnos para capitanear el barco. Un barco que, además, ha cambiado mucho desde que nos despacharon del puente de mando.

Una pregunta que no es la única y que a su vez posee muchas ramificaciones, ¿Tiene la socialdemocracia soluciones a los problemas actuales de la ciudadanía?, ¿Es posible hacer compatible los postulados socialdemócratas con la globalización?, ¿Hay que refundar el Estado del Bienestar desde otra óptica?, ¿Han desaparecido las clases medias que antes sustentaban a los gobiernos socialdemócratas?, ¿Qué o Quiénes han sustituido a la llamada lucha de clases?... Sinceramente, no lo sé, aunque espero que todo esto, y mucho más que me dejo en el tintero, tenga una respuesta con acento socialdemócrata, porque no me resigno a ver como los partidos conservadores se perpetúan en el poder, a cambio de casi nada, y sino que se lo digan a quien perdió primero el empleo, luego la prestación y finalmente, también la ilusión de que algo pueda cambiar.

Pongámonos a la faena ya, creo que ya hemos perdido un tiempo demasiado precioso si queremos que la “lírica” vuelva a estar de moda más pronto que tarde.