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¿Para qué sirve Ciudadanos?

Según me cuentan, esa es la pregunta que se hacen a diario muchos de los hombres y mujeres, que decidieron confiar en el partido naranja en las pasadas Elecciones Municipales para que les representasen en el Ayuntamiento de Albacete, y más visto el papelón que hicieron los tres de Rivera el pasado miércoles, en el Pleno convocado de urgencia para elegir nuevo alcalde ante la despedida a la francesa del anterior, motivos de salud por medio. A todas estas personas les une un mismo sustantivo: desencanto.

         Si desde el partido de Rivera eligieron en su día como color corporativo el naranja, porque representa la idea de juventud y dinamismo, pero a su vez de progreso y también de cierta sensación de sensatez, de cambio y transformación posible y porque es un color acorde con la idea de ser un partido de centro, capaz de conciliar ideas de progreso y liberales, igual en Albacete a partir de ahora el color que identificará a Ciudadanos será el marrón rojizo, que es lo que resulta de mezclar el gris y el negro, que son los colores  asociados a la tristeza y al desencanto.

         Tristeza y desencanto por haber confiado en un partido que decía había venido a la escena política a cambiar las cosas para mejor, y resulta que lo único que han hecho hasta ahora es asegurar que nada cambie en el Ayuntamiento de Albacete. Lo hicieron en 2015, provocando con su abstención que Javier Cuenca portara el bastón de mando durante dos años, y han repetido hazaña uniendo sus votos a los del Partido Popular para asegurar que el de Fuenteálamo ocupe el despacho de la Alcaldía otros dos años, mientras calienta la silla al próximo candidato o candidata, prometiendo diálogo, consenso y acuerdo.

         Y ello a pesar que se pueden contar con los dedos de la mano izquierda del Capitán Garfio los puntos cumplidos del documento que suscribieron ambos partidos en 2015 para investir a Cuenca como Alcalde, a pesar de que los de naranja se sumaran a la reprobación del alcalde en Octubre de 2015, por haberse pasado por el arco del triunfo un acuerdo plenario sobre el Plan del Júcar y a pesar de los reiterados incumplimientos derivados de las mociones aprobadas por la mayoría del pleno pero sin la participación del Partido Popular, vamos como para fiarse.

         Pues resulta que con tales antecedentes, los tres de Rivera no solo se han fiado, sino que han renovado sus votos poniéndose del lado de los concejales y concejalas del PP, no sea que la confluencia astral o el despiste de alguien provocase un drástico cambio en el Ayuntamiento que alterase los planes de los de naranja, que no son otros que asegurarse que nada cambie.

         Siempre he dicho que desconfío de los políticos y políticas que sostienen que su ideología es la ausencia de ideología, que dicen  tomar lo bueno de aquí y de allá para tratar de hacer la vida más fácil a la ciudadanía, pero que lo que hacen en realidad es parapetarse detrás de unas siglas, y cuanto más nuevas mejor, para tapar su ausencia de ideas y su carencia de compromiso político. Lo siento, pero al igual que no se puede ser a la vez del Sevilla y del Betis, tampoco se puede ser socialdemócrata y liberal a un mismo tiempo, salvo que lo que se persiga es ser un “bien queda”, que entonces sí, entonces todo está permitido.

         Quedará para los anales que a primeros de Julio de 2017 Ciudadanos asomó la patita por debajo de la puerta y mostró un perfil liberal y conservador envuelto en un acuerdo de varios puntos con el Partido Popular que esperan que esta vez se cumplan, con el mismo convencimiento que aún esperan que se cumpla el acuerdo de hace dos años de crear una “Ciudad Jardín”, claro igual lo leímos mal, y lo que decía en realidad aquel papelito es que crearían un jardín en la ciudad, al que se llegaría, por supuesto, transitando por un paso de cebra nuevo cada mes.

         No sé si será antiguo eso de ser de izquierdas o de derechas, pero aclara mucho las cosas y sabes con quien tratas, cosa que no pasa con los nuevos partidos, que a fuerza de querer ser tan nuevos e innovadores, han perdido la esencia por el camino, si es que la tuvieron alguna vez.

         Y eso es lo que le ha pasado a Ciudadanos en el Ayuntamiento de Albacete, que a fuerza de ponerse unas veces del lado de los partidos progresistas, y otras del lado conservador, han perdido el rumbo y la aguja de marear apunta hacia cualquier lado, pero que no cunda el pánico, toda duda se disipa cuando hay que tomar decisiones de calado, como apoyar a un candidato a la Alcaldía o aprobar unos presupuestos, ahí saben muy bien donde situarse, siempre del lado del Partido Popular, sin excepción y sin dudas, que quede claro.

         Y ya se sabe lo que pasa cuando hay que elegir entre el original y la fotocopia, que el original es el que triunfa y la fotocopia va a la papelera, sobre todo cuando la fotocopia se toma tan en serio su papel de muleta del original.

Es lo que tiene la falta de ideología, que la buscas en otros y terminas por querer ser como ellos.

Feliz verano, nos vemos en la Feria, quizás para entonces alguien haya sido capaz de despejar la incógnita y sepa para qué sirve Ciudadanos a la ciudadanía.

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