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Los buenos propósitos de año nuevo del alcalde

Atrás han quedado las hojas del calendario que anunciaban la llegada de la Navidad, y con ellas aún en el recuerdo nos encontramos, como el que no quiere la cosa, en los albores de un nuevo año, y con él también ha llegado la consabida retahíla de buenos deseos y mejores propósitos que, invariablemente, cada año nos hacemos los pobres mortales que por aquí moramos.

Se nos ha ido el turrón de las sobremesas familiares, y en su lugar han aparecido las infusiones de digestiva, los dulces han dejado su privilegiado lugar dentro de la dieta navideña, y por ende han recobrado protagonismo las acelgas rehogadas propias de las dietas  de choque, los restos de papel celofán de colorines, una vez cumplida su labor, ya descansan en el contenedor azul, los calcetines están a buen recaudo en su cajón y el nuevo pijama aguarda a que llegue su turno, mientras que nuestro querido alcalde nos ha deseado a todos y a todas que el nuevo año venga cargado de salud, empleo, bienestar, prosperidad y sueños cumplidos. Buenos deseos, sin duda alguna, propios de una buena persona.

Pero, ¡ay amigo!, los caminos del infierno están empedrados de buenas intenciones, y a estas alturas de la película y con las Elecciones Municipales asomando la cabeza por el horizonte, la ciudadanía difícilmente se conforma ya con buenas palabras, aunque sea Navidad y le hayan salido del corazón, que no lo dudo, porque como dijo el Doctor House “las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada”, y no es que yo quiera quitar valor a las buenos deseos del alcalde, que no, sino que ya va siendo hora de que pase de las palabras a los hechos, y a tenor de lo dicho, leído y escuchado tras la presentación del borrador de Presupuestos para este nuevo año, mucho me temo que, de nuevo, tendremos ración doble de lo primero y solo un ligero aperitivo de lo segundo.

De nada sirve desear bienestar, si la tarjeta monedero, incluida dentro del Plan de Choque contra la pobreza, ha desaparecido como por arte de ensalmo de las prioridades municipales, al igual que, ni de consuelo, le sirve ya a los albaceteños y albaceteñas que perdieron su empleo y hasta las esperanzas de encontrarlo de nuevo, los buenos deseos del alcalde, si no tienen su correspondiente reflejo presupuestario en una cifra resultante de multiplicar, al menos por diez, el número de personas desempleadas al final del año 2017, o de poco sirve desear prosperidad a la ciudadanía, si el proyecto de rehabilitación del Barrio de Santa Teresa sigue durmiendo el sueño de los justos en algún cajón de la calle Iris, a la espera de un cada día más necesario cambio de Gobierno municipal, por no hablar del proyecto de la Plataforma Logística Intermodal, que se encuentra muerto frío en la nevera, como los malos árbitros.

Y es que el PP no termina de aprender, y nuestro alcalde, como alumno aventajado de estos quehaceres populares, no se va a desviar ni un ápice de la línea trazada, no vaya a ser que alguien de la calle del Muelle le diga alguna inconveniencia, que no estamos para eso, oiga usted.

Querido amigo Manuel, para que la ciudadanía, o al menos una parte de ella, pueda ver sus sueños cumplidos, o por lo menos creerse que se han cumplido, deberías escuchar el runrún popular, abrir los ojos y posibilitar, que quien esté interesado, pueda participar en la elaboración de los Presupuestos Municipales, solo así se podremos empezar a pensar que es posible alcanzar los sueños, a la vez que avanzaremos más rápido en la construcción de la ciudad que queremos y tú, como alcalde, si la cosa sale mal y pintan  bastos, tendrás la coartada perfecta para ampararte tras esa puerta abierta a la participación, y si la cosa sale redonda y pintan oros, pues te cuelgas modestamente la medalla correspondiente y a otra cosa mariposa. Pero mucho me temo que ni por esas, y mira que así se las ponían a Fernando VII. Y es que a las gentes del Partido Popular, esto de la participación ciudadana en los asuntos públicos, les debe resultar más incomprensible que a mí el chino mandarín.

Ya lo dice la Biblia: “obras son amores y no buenas razones”. Y estaría muy bien que nuestro alcalde se aplicase a la faena y dejase las frases pomposas, los anuncios grandilocuentes y los buenos deseos para los discursos de inauguración de las obras de remodelación del Barrio de Santa Teresa, de la Plataforma Logística Intermodal, o para la puesta en funcionamiento de la Autovía A-32, para cuando devuelva la participación de los usuarios y trabajadores en los órganos de dirección de la Universidad Popular y las Escuelas Infantiles, cuando asista al estreno mundial de una producción cultural de algún artista local, cuando los Presupuestos Municipales  cuenten con un informe de evaluación de impacto de género, cuando las personas con movilidad reducida puedan acceder al transporte público en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía, cuando dé marcha atrás y modifique la gestión de los centros socioculturales, cuando las pedanías cuenten con transporte público o se concluyan las obras prometidas durante años, incluso en el preámbulo de la ordenanza de tenencia de mascotas, o simplemente, cuando se haga realidad algo de a lo que se ha comprometido desde junio de 2015 y que como tónica general no se ha cumplido, y lo que es peor, ni se le espera.

De buenas intenciones están llenos los panteones, y sino que se lo pregunten al Alba antes de su partido contra el Tenerife. ¡Feliz año!