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Un albaceteño se cuela en la lista FORBES de mejores CEO de México

Aunque César Roses nació en Yecla se crío y creció en Albacete. Ciudad que siempre tiene muy presente, aunque desde hace unos años vive en México, donde tiene la fortuna de dirigir una empresa de 9.000 personas. En septiembre Forbes México le incluyó en su primera lista de los 20 mejores CEO del país, reconocimiento que le hizo muchísima ilusión. Hasta el instituto cursó sus estudios en Albacete y completaría su formación en Madrid, Boston o México. Ahora triunfa en Latinoamérica pero no olvida los buenos años que pasó en Albacete, donde espera volver en Semana Santa.

En una entrevista con Masquealba, recordaba cómo llegó a Albacete con cinco años y residió aquí hasta los 25. Se trasladó hasta Albacete con su madre, trabajadora de Teléfonica. Su padre murió cuando él era pequeño, por lo que se trasladó a Albacete solo con su madre. Recuerda como ella iba diario a la oficina de Octavio Cuartero con Pedro Coca, aunque terminó después trabajando en las instalaciones de la calle Iris. Recuerda, por ejemplo, como tiene buen recuerdo de «ver casi cada día a Raúl Cimas, en una cabina ahí al lado hablando por teléfono», apuntando que sus madres trabajaban juntas. Y apunta, con muy buenos recuerdos, que también la madre de Ernesto Sevilla fue su profesora varios años.

«Como no teníamos mucho dinero, primero vivimos mi madre y yo en Joaquín Quijada compartiendo piso con 5 chicas estudiantes, y la verdad tengo un recuerdo muy bonito de esa época porque todas me cuidaban. Fui al Colegio Doctor Fleming desde parbulitos. Luego nos cambiamos a vivir a Francisco Pizzaro, al lado de la rotonda de los valencianos, y ahí pasé ya toda mi vida hasta los 25 años», señala César Rosas, que fue al instituto seis y al Don Bosco. A los 18 años empezó a trabajar en Digitex, un call center, y a los 25 se fue a Barcelona y a Latinoamérica después, donde ahora ha logrado un importante reconocimiento.

«Mis recuerdos la verdad es que son maravillosos, supongo que nada excepcional respecto a otros albaceteños, una infancia feliz jugando al fútbol (con bancos como portería) en la peatonal del Ensanche, entre otras zonas», señala.

No se olvida de que puedo vivir en Segundo Ascenso del Albacete Balompié, ya que en el primero tenía sólo dos años y apunta cómo «aún en el grupo de mis amigos de toda la vida ponen de vez en cuando el rap del alba». Se confiesa «gran fan de la Feria de Albacete» y narra cómo «cuando ya trabajábamos, nos guardábamos todas las vacaciones del 7 al 17, ni siquiera para verano ni Navidad, porque de verdad era algo que disfrutábamos mucho».

«A Albacete voy bastante, es mi ciudad y le tengo un cariño inmenso, todos mis amigos de verdad están ahí y la tranquilidad que tiene la ciudad no la he visto en ningún otro lugar del mundo», detalla, lamentando que hace años que no puede venir por Feria y recordando «las ganas de Miguelitos que tengo».

En Barcelona estuvo trabajando en Mediapro «y me dieron la opinión de liderar la expansión internacional de una de sus verticales de negocio, así fui a varios países como China, hasta que llegué a México».

«La verdad México me enamoró desde el principio, porque me recuerda bastante a cosas de Albacete (que tiene algo muy singular comparado con las ciudades grandes en España, o el resto de Europa, que son muy frías y poco familiares, pero en Albacete nunca sentí eso, especialmente cuando he ido a pueblos como Barrax o Alcaraz, que se juntan muchas familias y da gusto esa fraternidad). Eso es algo que México tiene, y me gustó mucho», detalla, bromea con que «mi casa parece de verdad un pueblo de Albacete, siempre hay gente, perros, niños, comemos todos, y nos lo pasamos muy bien».

Allí se casó con una mexicana, donde tuvo a sus dos hijas que ahora tienen cuatro y dos años y destaca que «en Semana Santa iremos a que conozcan Albacete, que la pequeña aún no ha estado».

Sobre cómo llegó a la empresa, recuerda que «a pesar de la magnitud que tiene SIMEX aquí en México, es una empresa familiar y estaban buscando alguien con el perfil de director general, dieron conmigo, hicimos buenas migas y desde octubre del 24 estoy liderando la empresa». «

Aunque suene raro, a veces es más fácil dirigir una empresa de 9,000 personas que una pequeña, porque hay gente para todo y gente muy capaz y preparada. Es algo que sí llena si te gustan los negocios y el mundo corporativo, y poder dar trabajo a tantas personas es lo que de verdad te hace feliz», destaca.

Además apunta que «tratamos de conciliar mucho que todos los empleados puedan tener una buena vida personal y tiempo para ellos». Reconoce que vivie en «una ciudad difícil con una población de 22 millones de habitantes, así que te puedes imaginar lo que se complica para muchas personas que viven lejos de la oficina». «Aunque ahora lo de Forbes haya generado buen ruido, la empresa conseguimos que sea reconocida en GPTW (great place to work), ESR (empresa socialmente responsable), y sobre todo muy orgulloso de que nuestro promedio de antigüedad de trabajadores sea de 7 años, es una locura y señal de que estamos haciendo las cosas bien», subraya.