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El urbanismo ayuda a Letur a recuperar su vida dos años después de la DANA

Poco más de dos años después de la DANA que arrasó parte de Letur y causó la muerte de seis personas el 29 de octubre de 2024, el municipio avanza en una recuperación que no consiste únicamente en reconstruir lo destruido. Recuperar sus espacios públicos, preservar sus tradiciones, mejorar la seguridad frente a futuras inundaciones y devolver a sus habitantes la confianza para disfrutar de su pueblo son algunos de los objetivos de un proceso en el que el urbanismo desempeña un papel fundamental.

El Plan Director de Recuperación del Casco Histórico de Letur y proyectos complementarios, desarrollado por Álvaro Ardura, Magdalena Barreales, Rubén Fernández y Javier Ruiz, bajo la supervisión de Elena Royo como arquitecta municipal, recibió en junio el Premio COACM de Urbanismo y Paisaje, en la modalidad de Ordenación del Territorio, de los III Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla-La Mancha 2024/2025.

El jurado del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM) reconoció su capacidad para integrar la recuperación de los valores culturales, constructivos y paisajísticos del municipio, atendiendo a las necesidades específicas de cada espacio de su casco histórico. Un reconocimiento que cobra especial significado en vísperas del Día Mundial del Urbanismo, que se celebra el 8 de noviembre.

Dos años después, ¿cómo está Letur?

Álvaro Ardura, arquitecto y profesor de Urbanismo, explica que el primer año después de la catástrofe fue especialmente difícil. La singular configuración del casco histórico, asentado sobre un promontorio rocoso y con accesos muy limitados, complicó enormemente las labores de reconstrucción. Solo recuperar uno de los caminos necesarios para introducir maquinaria en las zonas afectadas exigió prácticamente un año de trabajo.

Actualmente, algunas de las actuaciones más importantes que define el Plan se encuentran en ejecución, especialmente en la cuesta de las Moreras, la calle Molinos, el Malecón y la calle Barranco. Otras intervenciones permanecen en distintas fases de tramitación o pendientes de desarrollo. La recuperación requiere, además, coordinar proyectos y financiación procedentes de diferentes administraciones, un esfuerzo de gestión especialmente complejo para un municipio de alrededor de mil habitantes.

Sin embargo, Ardura considera que los vecinos perciben los avances. Este año han podido volver a celebrar sus festejos en el Malecón, uno de los espacios más representativos de la localidad. «La gente empieza a ver la luz al final del túnel», señala.

La recuperación tiene también una dimensión emocional. En un pueblo donde todos conocían a las seis víctimas, el impacto de la tragedia continúa presente. Buena prueba de ello es que el arquitecto recuerda cómo, durante sus visitas, ha observado que los letureños abandonan los espacios públicos cuando comienza a llover. Recuperar la normalidad implica, por tanto, mucho más que terminar las obras.

Reconstruir sin perder la identidad

El Plan Director premiado por el COACM fue encargado por el Ministerio de Cultura. Parte de una idea fundamental, una catástrofe no obliga necesariamente a reproducir exactamente lo que existía antes, sino que puede permitir corregir problemas y mejorar las condiciones del

municipio. «No tenemos por qué hacer una reconstrucción literal de lo que había», explica Ardura, que defiende aprovechar las intervenciones para mejorar los espacios públicos sin renunciar a las tradiciones y a la identidad de Letur.

Esta filosofía se refleja en la recuperación del Charco de las Canales, una de las piscinas naturales más emblemáticas del municipio, y del Malecón, escenario de los tradicionales encierros. Los proyectos preservan sus usos históricos, pero reinterpretan algunos elementos para mejorar su funcionamiento, accesibilidad y condiciones de utilización.

El trabajo ha incorporado también el estudio del patrimonio inmaterial, desarrollado con la participación del antropólogo José Mansilla, y un diálogo continuo con el tejido asociativo local. Las propuestas de los vecinos han contribuido a identificar qué espacios, actividades y tradiciones debían preservarse. El hecho de que este mismo equipo redactor hubiera desarrollado el Plan de Ordenación Municipal del municipio, ha ayudado mucho en este sentido.

El agua ocupa un lugar central en esta recuperación. Letur conserva un complejo sistema hidráulico de origen islámico, formado por acequias, fuentes, lavaderos y canales que han condicionado históricamente la vida del municipio. «No se puede entender Letur sin el agua», afirma Ardura. El objetivo es conservar esa relación histórica, adaptando las infraestructuras para que no se conviertan en obstáculos ante posibles crecidas extraordinarias.

¿Podría volver a ocurrir una catástrofe semejante?

La seguridad frente a futuras inundaciones constituye otra de las grandes preocupaciones de la recuperación. Ardura considera que la magnitud de la DANA de 2024 fue extraordinaria, pero también advierte de que los fenómenos meteorológicos extremos son difíciles de prever y de que ninguna intervención puede eliminar completamente el riesgo.

Las actuaciones derivadas del Plan Director buscan mejorar las condiciones de seguridad frente a nuevas avenidas, mediante modificaciones en determinados trazados y soluciones constructivas que faciliten el paso del agua. Paralelamente, la Confederación Hidrográfica contempla una posible infraestructura de regulación aguas arriba para retener parte del caudal.

A estas dificultades se suman los daños geológicos provocados o agravados por la catástrofe y la transformación física del terreno, que han obligado a utilizar tecnologías avanzadas de cartografía, incluido un escáner LiDAR instalado en un dron, para conocer con precisión la nueva configuración del territorio. El reto consiste en mejorar la seguridad sin romper la relación histórica de Letur con su entorno natural y con el agua, que forma parte inseparable de su patrimonio y de su identidad.

Un premio que reivindica el valor social del urbanismo

El reconocimiento del COACM pone de relieve una dimensión de la arquitectura que no siempre resulta visible para la sociedad. El urbanismo no se limita a ordenar calles y edificios, sino que influye directamente en la seguridad, la convivencia, la calidad de vida y las oportunidades de futuro de los municipios. Ardura, cuya especialidad profesional y académica es precisamente el urbanismo, considera necesario recuperar el protagonismo de esta disciplina tanto en la profesión como en el debate público.

El arquitecto agradece especialmente que el COACM haya recuperado sus premios y que estos reconozcan también trabajos de urbanismo y paisaje. Destaca el valor del reconocimiento «de los propios compañeros de profesión» y de un jurado integrado por profesionales de prestigio y experiencia.

La distinción, entregada por Silvia López Martín, directora general de Planificación Territorial y Urbanismo de Castilla-La Mancha, adquiere para el equipo un significado especial por las circunstancias humanas y profesionales en las que se ha desarrollado el proyecto.

Al recoger el galardón, Javier Ruiz reconoció que se trataba de un trabajo que nunca hubieran deseado tener que realizar. Ardura, por su parte, destacó «la capacidad de reacción de los vecinos y el espíritu colectivo surgido tras la tragedia».

Dos años después, con actuaciones todavía pendientes y un largo camino de recuperación por delante, el arquitecto resume el sentido de su participación en este proceso con una reflexión que trasciende el reconocimiento profesional. «Quiero creer que nosotros hemos puesto un pequeño granito de nuestra parte para mejorar el pueblo y la vida de sus habitantes», termina.