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Casado el mendaz

Dado que el colega se puso exquisito hace un par de semanas en Cuenca, cuando tildó de felón, entre otra retahíla de lindezas similares al presidente del Gobierno, que menos que devolverle el detalle, y de ahí que haya optado por añadir a su apellido el adjetivo de mendaz para titular este ejercicio de redacción, porque no me negarás, querido lector, que queda mucho más estético que llamarle mentiroso, así, a las primeras de cambio, aunque con su actitud desde que se hizo con la medalla de oro en las primarias populares, se lo haya ganado a pulso.
El pupilo del peor Aznar de las mayorías absolutistas, nos lleva machacando el cerebro con su discurso simplista basado únicamente en el odio a Cataluña y en la promesa de aplicar mano dura a toda aquella persona que ose llamarse independentista. Tanto es así, que ha llegado a afirmar, sin despeinarse siquiera, que en las próximas Elecciones Generales lo que realmente se vota es sí queremos a Torra o al 155, añadiendo, que cuando sea presidente del Gobierno aplicará un 155 duro, como si el famoso artículo permitiese diversos grados de aplicación. Mayor simpleza en la argumentación imposible. Y mayor mentira, tampoco. Me explico.
Como parece ser que este caballero acumuló másteres como el que colecciona cromos, igual no tuvo tiempo de leerse detenidamente la Constitución, por lo que me atrevo a refrescarle un poco la memoria y a recordarle lo que dice el famoso artículo, que es lo siguiente:
1- Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
2.- Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónoma.
Coincidirás conmigo, que no hace falta ser Doctor Honoris Causa en Derecho Constitucional, para entender que no basta con patalear pidiendo la independencia, llenar de lazos amarillos calles y plazas o berrear como un niño mimado al que bajan de los caballitos antes de tiempo, cuando la Fiscalía solicita la extradición del huido Puigdemont, para suspender la autonomía catalana, enchironar al Gobern y a más de medio Parlament. Como tampoco parecer ser suficiente con afirmar que el estado español es opresor por naturaleza o que la justicia española es peor que la de una república bananera, ni tampoco por jalear con más ahínco los goles del Barça que los del Espanyol. Que más hubiera querido Rajoy que las cosas hubieran sido tan sencillas como nos las tratan de pintar ahora.
Para el mendaz y desmemoriado de Casado, conviene recordar que Joaquim Torra Pla tomó posesión como president de la Generalitat de Catalunya siendo todavía Rajoy el inquilino de la Moncloa, tras escabullírsele de las manos el mismísimo Puigdemont camino de Bruselas, o que quien ahora exige la aplicación permanente del mencionado artículo, antes presumía de hablar catalán en la intimidad porque necesitaba los votos de CiU, exigencia a la que se suma el delfín Casado, sabiendo, o debiendo saber al menos el par de dos, que esa afirmación además de ser una barbaridad jurídica, es inconstitucional, ya que previamente ha de mediar un flagrante incumplimiento constitucional por parte del gobierno autonómico, y, al menos, una advertencia de incumplimiento. Eso por no mencionar que por su propia naturaleza su aplicación no puede ser eterna en el tiempo, sino que su vigencia se circunscribe hasta el momento en el que se enmiende el incumplimiento del precepto legal vulnerado. Pero eso, a los dirigentes populares les da igual, con decir luego que todo era una broma o una forma de hablar, como ha ocurrido con la promesa electoral andaluza de crear tropecientos mil puestos de trabajo.
Y les trae sin cuidado porque llueve sobre mojado. Ya nos engañaron con las armas de destrucción masiva en Irak, con los hilillos de plastilina del Prestige, con la horrorosa gestión del accidente del Yak-42, con la teoría de la conspiración del 11M, con la “aspiración” de González Pons de crear 3,5 millones de puestos de trabajo, con llevárselo crudo paquí y pallá, o con las prometidas bajadas de impuestos que luego eran subidas descaradas. Y lo peor de todo es que no se conforman con tomarnos el pelo, sino que también nos quieren tomar por tontos, en este caso acompañados por el discurso radical del Ciudadano Rivera, que ha hecho de la cuestión territorial su único leitmotiv en todas sus intervenciones, venga a cuento o no, y por la extrema derecha, esa que ha cambiado la pegatina de la bandera en el cierre del reloj, por las manifestaciones en el Valle de los Caídos, brazo derecho en alto.
Ante este bombardeo de simplezas con las que nos tratarán de hacer ver que solo las derechas, las tres y al unísono, por mucho que hasta las Elecciones se tiren algunas chinitas, pueden garantizar la unidad de España, y sí es por la fuerza mejor que mejor, no tenemos otra alternativa que confiar en la izquierda, confiar en aquellos y aquellas que piensan que será desde el diálogo dentro del marco constitucional, cuando se pueda encontrar una solución para este problema político de enorme magnitud y trascendencia.
Si algo nos ha enseñado nuestra historia reciente, es que la mano dura que ahora se exige y se promete, es la que más ha contribuido al crecimiento del independentismo entre la sociedad catalana, por lo que aplicar la misma receta solo nos puede conducir a la desesperación y a la frustración. Pero eso a las derechas les da igual, se sienten cómodos en el discurso de la intransigencia y están empeñados en inocular ese virus al conjunto de la sociedad española, un virus que tiene su antídoto en el diálogo, la conversación y el acuerdo.
 
Pero como no hay mal que cien años dure, siempre nos quedarán Paris, el Alba y un poco de sensatez cuando acudamos a nuestra próxima cita con las urnas. Y recuerda, que si tú no vas, ellos vuelven.