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La Cofradía del Silencio celebra 75 años reforzando su esencia penitencial y su vínculo con Albacete

Por Carlos Garrido

José Luis Roldán, presidente de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, hace balance del acto conmemorativo del 75 aniversario y subraya la importancia de conservar la fe, el patrimonio y el relevo generacional

La Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis de Albacete se encuentra en plena conmemoración de su 75 aniversario. Una efeméride que, lejos de quedarse en una mera celebración, sirve para reafirmar la identidad de una de las cofradías más reconocibles de la Semana Santa albaceteña.

Para su presidente, José Luis Roldán, alcanzar los 75 años supone mucho más que mirar atrás. “Significa consolidar la Cofradía, demostrando que los valores que recibimos de nuestros antecesores han servido para fortalecer el sentimiento y la fe en nuestro Cristo del Consuelo, sobre todo en épocas en las que parece que las adversidades nos rodean”, explica. Una herencia espiritual que se ha transmitido de generación en generación y que hoy sigue muy viva.

Roldán destaca también el esfuerzo realizado para conservar el patrimonio de la cofradía, especialmente la restauración de la imagen del Cristo del Consuelo, obra de Garrigós, reafirmando su valor artístico y devocional. “Pero, sobre todo, hay que destacar la fe de generaciones de penitentes y del pueblo de Albacete, que sigue abarrotando las calles para contemplar uno de los momentos más intensos de la Pasión de Cristo”, subraya.

Un acto cuidado al detalle y con gran respuesta

La jornada de presentación del 75 aniversario fue intensa desde primeras horas. “La empezamos varios miembros de la Junta Directiva preparando todo para que no faltara ningún detalle, tanto antes como después del acto”, recuerda el presidente. Ya a las cinco de la tarde, dos horas antes de la eucaristía, la cofradía recibía a la Agrupación Musical del Santísimo Cristo de la Agonía, en un gesto que Roldán resume con sencillez: “No estamos hermanados, pero no hace falta; estamos cuando tenemos que estar.”

Conforme se acercaba la hora, los nervios eran inevitables. “Ese hormigueo en el estómago aparece porque no quieres que falle nada”, confiesa. La respuesta superó las expectativas: once cofradías y hermandades de Albacete, además de una procedente de La Roda, acompañaron el acto en una Iglesia de la Purísima abarrotada, con numerosos asistentes siguiendo la celebración de pie.

Tras la eucaristía, se proyectó un audiovisual realizado por Marta Monedero, cofrade y costalera, antes de presentar el amplio programa de actos conmemorativos, entre los que destacan una exposición fotográfica en Casa Perona, una cena-coloquio, la presentación de un cupón de la ONCE con la imagen del Cristo del Consuelo, un Vía Crucis parroquial, mesas redondas y un almuerzo solidario con el barrio de Carretas-Huerta de Marzo. La jornada concluyó con un vino español en la Casa Hermandad, prolongando la convivencia entre cofrades y asistentes.

Silencio, sobriedad y compromiso

Como cofradía penitencial —“me atrevería a decir que la cofradía penitencial por antonomasia en Albacete”, apunta Roldán—, el Silencio mantiene un código de conducta muy definido: austeridad, sobriedad y respeto absoluto durante las dos procesiones en las que el Cristo del Consuelo recorre las calles para que los albaceteños puedan cumplir sus promesas.

Mantener esa integridad, reconoce el presidente, exige un compromiso constante de la Junta Directiva y de todos los cofrades. “Queremos que la procesión del Silencio siga siendo el acontecimiento más serio de la Pasión y Muerte de Jesús en nuestra ciudad.”

Mirando al futuro

Los retos están claros. “Mantener nuestra esencia penitencial, reforzar la fe en el Cristo del Consuelo y asegurar el relevo generacional”, enumera Roldán, poniendo el foco especialmente en la incorporación de jóvenes penitentes. Un desafío clave para que la cofradía continúe otros 75 años siendo un referente espiritual y cultural en Albacete.