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“Cotolengo” a medio gas

Domingo 18 de mayo. Plaza de toros de Albacete. XXVI edición del tradicional festejo a beneficio de la Institución Sagrado Corazón de Jesús.

Con media plaza se lidiaron seis astados: 1º de Sonia González, noble aunque muy justo de fuerzas; 2º de Nazario Ibáñez, embestidor aunque complicado; 3º de “El Cortijillo”, manejable; 4º de Samuel Flores, de los mejores del festejo; 5º de “La Alpujarra” de buena condición; 6º de “Casanueva” con clase, transmisión y nobleza.

Antón Cortés, ovación. Rubén Pinar, ovación tras minoritaria petición. Miguel Tendero, una oreja. Sergio Serrano, dos orejas. José María Arenas, dos orejas. Jesús Mayo, de la Escuela Taurina de Albacete, una oreja.

No es cuestión de ponerse exigentes ni tocapelotas en un festejo benéfico donde unos cinco mil albaceteños, más o menos, no quisieron desaprovechar la ocasión de mostrar una vez más la solidaridad de la ciudad y provincia albacetense. No se trata de confundir lo benéfico con lo indulgente pero el protagonismo recae sobre el “Cotolengo” y su encomiable labor social. Los demás no pasamos de meros actores secundarios, y así debe ser.

Y claro, tras los agradecimientos oportunos a todos los profesionales, instituciones y demás que hicieron posible que el festejo llegase a buen puerto, sólo resta hacer una humilde crónica sobre lo sucedido en el coso de la Calle Feria. ¿A medio gas? Puede ser. Media entrada y lo mejor vino en la segunda parte de la tarde. Pues eso, una mitad más entretenida que la otra y aquí paz y después gloria.

Gloria que alcanzaron Sergio Serrano y José María Arenas tras conseguir el doble trofeo en sus astados. Cada uno a su estilo, con más oficio Serrano y con más desajustes Arenas, pero ambos se alzaron como triunfadores de la tarde. Por su parte, Tendero y Mayo cortaron un apéndice cada uno más por esfuerzo e insistencia que otra cosa. De vacío se fueron Antón Cortés, que hizo labores de enfermería debido a la floja condición del ejemplar de Sonia González, y Rubén Pinar quien, pese a pechar con el cornúpeta más complicado del festejo, logró algunos lances estimables. Lástima de sus desaciertos con los aceros que le privaron de tocar pelo

¿Y qué más decir a estas alturas? ¿Recordar aquellos festivales a beneficio del “Cotolengo” de hace no demasiados años, donde por ejemplo “El Juli” llegó a hacer el paseíllo, con la consiguiente buena entrada y, por ende, obteniendo una gran recaudación para tan noble causa?  Quizás si todos ponemos un poco más de nuestra parte, el tradicional festival pueda volver a transitar por aquellas sendas de relumbrón. No se merece menos, se lo aseguro