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Interesante iniciativa de economía circular del CEE Cruz de Mayo de Hellín, con la Diputación

Hay proyectos que explican por sí solos cómo la sostenibilidad puede formar parte de la vida cotidiana. En el Centro de Educación Especial Cruz de Mayo de Hellín, los restos orgánicos que cada día se generan en el comedor escolar dejan de ser un residuo para convertirse en un recurso útil que, en cierto modo, vuelve a la mesa del alumnado.

Es la esencia de un proyecto de compostaje comunitario que el centro desarrolla desde hace tres cursos y que constituye uno de los ejemplos prácticos de las iniciativas impulsadas en la provincia a través de la Agenda 2030 de la Diputación de Albacete.

     Del residuo al recurso

La idea es sencilla, pero sus resultados son muy significativos. Los restos de fruta, verdura y otros residuos orgánicos procedentes del comedor se recogen y transforman en compost natural. Ese compost sirve posteriormente para nutrir el huerto y los espacios verdes del centro, donde los propios alumnos y alumnas, junto al equipo docente, trabajan en el cultivo de diferentes hortalizas, frutas y plantas que más tarde regresan a la cocina para formar parte de los menús escolares.

Un auténtico círculo de aprovechamiento responsable de los recursos que permite reducir residuos, mejorar la gestión ambiental del centro y ofrecer al alumnado una experiencia educativa basada en hechos y resultados visibles.

El director del centro, Agustín Navarrón, explica que el Cruz de Mayo lleva once cursos participando en iniciativas ligadas a la Agenda 2030 Escolar promovidas por la Diputación de Albacete. Tras varios años centrados en actividades de reciclaje, el centro decidió dar un paso más apostando por el compostaje comunitario como herramienta de aprendizaje y sostenibilidad.

     Una comunidad que cultiva sostenibilidad 

Con el tiempo, el proyecto ha ido creciendo hasta implicar no sólo al alumnado, sino también a las familias y al personal del centro, que colaboran aportando residuos orgánicos para su aprovechamiento posterior.

La profesora técnica de Formación Profesional, Plácida Pájares, señala cómo los productos obtenidos en el huerto regresan después al comedor escolar, donde son utilizados en la elaboración de los menús. Además, el centro mantiene un sistema de registro y trazabilidad que permite documentar los alimentos producidos en sus instalaciones y destinados al consumo del alumnado.

Más allá de los beneficios ambientales, la iniciativa tiene un importante componente educativo y social. El alumnado participa en un proceso completo que le permite comprender de manera práctica conceptos como el aprovechamiento de recursos, la reducción de residuos, la producción sostenible de alimentos o el trabajo colaborativo.

Este proyecto se enmarca en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12, dedicado a promover modelos de producción y consumo responsables, y demuestra cómo acciones aparentemente sencillas pueden generar impactos positivos en el entorno cuando cuentan con la implicación de toda una comunidad educativa.

Precisamente ese es el fin de las ayudas que la Diputación de Albacete impulsa a través de la Agenda 2030 Local y Escolar: respaldar iniciativas que nacen de las necesidades y propuestas de cada territorio y que se traducen en mejoras concretas para la ciudadanía.

En el caso del Centro de Educación Especial Cruz de Mayo, la sostenibilidad se puede ver cada día en algo tan cotidiano como un plato de comida. Porque allí, los residuos orgánicos ya no terminan su recorrido en un contenedor: vuelven a la tierra para convertirse en nuevas cosechas y regresar de nuevo a la mesa.