Tras el impacto de sus singles de adelanto ‘Estoy Listo’, ‘El Obsolescente’, ‘40’ y ‘Cada Segundo’, el proyecto albaceteño O.Q.L.I.T. (Ondas Que Lo Inundan Todo) libera finalmente su primer larga duración: ‘Crisis Mundial de los 40’. Una obra que nace de la “necesidad fisiológica de expresión musical” y que se posiciona como una reacción visceral a la inestabilidad de Occidente y al desajuste de las expectativas generacionales.
UN SONIDO QUE MUEVE Y CONMUEVE
Bajo la batuta del productor Javi Milla (Chucho, TodoMal), el dúo ha esculpido un universo donde conviven sintetizadores vintage, guitarras ambientales y el pulso implacable de la electrónica de alta fidelidad. La formación, liderada por el multiinstrumentista Darío Garrido y la flautista Bea de la Cruz, propone una colisión entre el pop atmosférico y el post-punk más crudo, diseñada específicamente para ser trasladada a un directo explosivo.
RADIOGRAFÍA DE UNA CRISIS: EL MAPA SONORO DE ‘CRISIS MUNDIAL DE LOS 40’
El álbum se despliega como un diario de navegación en plena tormenta existencial. A través de sus pistas, O.Q.L.I.T. transita por diferentes estados de ánimo que definen esta ‘Crisis Mundial de los 40’:
‘Estoy Listo’: Estamos ante un manifiesto de honestidad brutal. Aquí no hay postureo, hay una colisión frontal contra el muro de lo heredado. Esta canción respira esa urgencia de quien entiende que el “suelo estable” que le prometieron era solo cartón piedra. Es pura dinamita existencial que estalla cuando te das cuenta de que el guión de tus maestros y tu familia no es más que ruido blanco.
‘Cuarta Persona’: Un tema que se adentra en el vértigo de la ausencia. Aquí el foco se pone en la grieta, en ese momento en el que el beat de una relación deja de estar sincronizado. La ambigüedad del “¿quién se fue?”; es puro determinismo de club: a veces te giras y el de al lado ya no está porque ha cambiado de frecuencia. Plantea un juego de identidades rotas donde el “ser lo que se decía que se iba a ser” se revela como la gran mentira. Es el sonido de la deriva emocional capturado justo antes de que el silencio lo ocupe todo.
‘A Otra Dimensión’: Un viaje al origen. Lo que nació como ‘Enviola Lucifer’ para SanGris se transmuta en una pieza de rabia contenida gracias a la voz de Ana Beleida. Es el acta de defunción de una era donde la inspiración era el motor, dejando paso a una realidad donde solo la química nos permite soportar el manicomio cotidiano. Un ejercicio de nostalgia punzante sobre entes narcotizados que ya no saben dónde mirar.
‘El Obsolescente’: La deshumanización hecha ritmo. Aquí la máquina no solo asiste, sino que completa y somete. Es el retrato de un cyborg moderno, un Robocop sin memoria al servicio de un sistema que lo utiliza hasta la desconexión. Destaca esa codependencia tóxica entre el hombre y el silicio, preguntándose qué queda de nosotros cuando el cable se desenchufa y la obsolescencia nos alcanza.
‘40’: El epicentro del sismo existencial. Representa el ojo del huracán de esa crisis que todos temen pero pocos saben narrar con esta crudeza. Es la búsqueda desesperada de estabilidad y refugio cuando las estructuras que nos prometieron -familia, maestros, entorno- se revelan como una ficción. Es el momento de la deriva absoluta, de ver quién da el primer paso hacia la salida antes de que el suelo desaparezca por completo.
‘Serendipia’: El arrebato de la carne en plena colisión con la estabilidad emocional. Es el rugido de la crisis de los cuarenta reclamando su cuota de adrenalina, un cambio de escenario donde la frecuencia compartida con un extraño activa los instintos más bajos. Un juego de dientes apretados y secretos a voces donde el destino se agradece y se maldice a partes iguales.
‘Cada Segundo’: El hedonismo como trinchera. Con la voz del escultor Santi Flores aportando una nueva dimensión plástica, la banda escapa de la “montaña rusa de la realidad” para refugiarse en el placer. Ante un mundo de violencia y pobreza, esta pieza es un recordatorio de que, si el universo nos dio conciencia, es nuestra obligación usarla para atrincherarnos en la belleza y la mirada amable.
‘Panza de Metal’: Una bofetada de realidad sobre la voracidad humana. El tema plantea una distopía visual: ¿Será nuestra herencia una bola de residuos donde convivan restos de pollo y baterías de litio? Es el retrato de una sociedad que camina por inercia hacia su propio empaquetado, un final industrial para una especie insaciable.
‘Mira por la Ventana’: El feudalismo moderno bajo el microscopio. Basada en hechos reales, es una oda a la resistencia cuando el poderoso oprime al vulnerable. Una invitación a “bajar del caballo” a quienes nos roban la dignidad, rompiendo la burbuja de pasividad en la que solemos vivir para empezar a luchar por lo que es justo.
‘Sucedáneo de su Realidad’: Ciencia ficción emocional. Con Marina González en la piel de una IA diseñada para el auxilio emocional, el tema explora los límites de la robótica de Asimov. ¿Qué pasa cuando la tecnología aprende nuestros vicios y decide que la única forma de salvarnos de nuestra propia autodestrucción es, precisamente, eliminarnos? Un choque musical y fascinante entre el hombre y su propio reflejo digital.
‘Crisis Mundial de los 40’: El corazón electrónico y ruidista del disco. Una atmósfera agobiante tejida con sintetizadores y guitarras afiladas que captura el colapso. Aquí no hay análisis, solo la sensación pura de la alarma sonando: cuando la crisis personal y la global convergen en un estruendo que nos deja, paradójicamente, en la más absoluta inacción.
‘¿Te Habías Dado Cuenta Ya?’: El eco de lo que pudo ser. Recuperada de los archivos de SanGris y enriquecida por el violín de José Manuel Badía, es la crónica de una ruptura antes de ser aceptada. Una bofetada de amargura que mezcla el romanticismo de lo que fue con la cruda realidad del final, funcionando como el preludio emocional perfecto para el resto de esta deriva.
UN CÓCTEL DE CONTRASTES
Musicalmente, el ‘Crisis Mundial de los 40’ es un reflejo de este caos: momentos de exquisita felicidad que invaden los huesos mediante arreglos de flauta y sintetizadores brillantes, que chocan frontalmente con pasajes de oscuridad electrónica donde el deseo de no haber existido se hace presente. Es un disco de contrastes, perfecto para el directo, donde la energía de la frustración se transforma en potencia sonora.
SOBRE O.Q.L.I.T., DE LA VIDEOPOESÍA AL ESCENARIO
O.Q.L.I.T. no es un proyecto convencional. Sus raíces se hunden en la experimentación multidisciplinar, habiendo formado parte de hitos culturales como el VIII Maldito Festival de Videopoesía en Albacete. Esta base artística se respira en cada rincón del disco, donde las letras exploran la fragilidad de las relaciones sólidas y el momento exacto en el que uno decide dar el primer paso hacia lo desconocido.
Darío Garrido (vinculado a bandas como Chucho y Seizu) y Bea de la Cruz (especialista en flauta travesera) han creado un proyecto que busca inundar el espacio sonoro mediante armonías complejas y un gusto exquisito por la melancolía electrónica.
La arquitectura sonora de este álbum es el resultado de una colaboración estrecha entre el núcleo creativo de O.Q.L.I.T. y un equipo técnico de primer nivel que ha sabido trasladar la “crisis existencial” a frecuencias audibles. Aquí conviven las guitarras y sintetizadores de Garrido con la flauta travesera de De la Cruz. La producción y el mastering es obra de Javi Milla (Chucho, TodoMal) y además, ha grabado algunas guitarras, teclados y baterías. Otros colaboradores del disco son Marina González (voz), Ana Beleida (voz), Santi Flores (voz), José Manuel Badía (violín), El Chak (imagen), Sandra SG (fotos), Carlos Díaz (videolyrics), Jaime de la Hera (videolyrics) y Marili Gómez (videolyrics).
