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El alcalde se va por la tangente

El alcalde de Albacete se ha ido por la tangente en el asunto de la compra de las 19 viviendas en la Calle Casas Ibáñez.
Sí hace unos días se comprometió, micrófono en mano, ante los vecinos y vecinas de los barrios de Imaginalia, Cañicas y Llanos del Águila, a modificar el acuerdo de la Junta de Gobierno Local que había levantado tantas ronchas entre la población de aquellos tres barrios, esgrimiendo como único argumento para ello, que se trataba de un error material sin importancia, esta misma semana ha proclamado a los cuatro vientos, vía Twitter, un nuevo acuerdo de la Junta que él preside y a la que asisten solo los concejales del Partido Popular, en el que lo único que se ha modificado con respecto al anterior, ha sido el barrio de origen de las familias susceptibles de ocupar alguna de esas viviendas, porque el perfil de los posibles beneficiarios de alguna de ellas permanece invariable. A saber, dos puntos, personas con escasos recursos económicos, familias afectadas por desahuciados, jubilados sin vivienda y escasa pensión, jóvenes en busca de su primera vivienda o mujeres víctimas de violencia de género.
Manuel Serrano, aficionado a los toros como dice ser, no ha dudado en dar una larga cambiada en este asunto, escurriéndose como una anguila y evadiéndose del tema, ya que lo único que ha hecho es disfrazar la nueva resolución, tachando, que no prohibiendo, el lugar de origen de las familias que podrían ocupar estas viviendas, añadiendo al texto las palabras transparencia y participación, que siempre quedan bien, y que le sirven de coartada para justificar el reparto de derechos de admisión que hizo la semana pasada, aun sabiendo que será prácticamente imposible cumplirlas, porque de hacerlo, vulneraría un buen puñado de preceptos legales, como la confidencialidad de los expedientes administrativos municipales, en especial los de acción social o la protección de datos.
Como me resisto a pensar que nuestro alcalde no sepa lo que se lleva entre manos, aun cobra mayor importancia el desliz verbal cometido, y es que cuando se acude a una reunión con la única intención de decir solo lo que el auditorio quiere y desea escuchar, se puede cometer el error de venirse uno arriba y es entonces cuando, invariablemente, aparecen los excesos verbales. Y decir aquello de que lo que no quiero para mí, no lo quiero para los demás, o que a aquí no vendrá, nadie que no queráis que venga, además de un exceso verbal de libro, es algo que difícilmente puede cumplir.
Me cuenta una vecina que asistió preocupada a la convocatoria, por el revuelo que se había montado en el barrio, que de vuelta a casa, se celebró una improvisada reunión de vecinos que habían asistido a la misma en el portal de edificio, donde cada uno que quiso puso en común su particular visión de los hechos. A mi amiga, le llamo especialmente la atención la intervención de uno de ellos, que confió a los demás las dudas que le habían suscitado las promesas del alcalde, en especial, la que les aseguraba que ellos, a través de la Asociación vecinal, podrían participar en el proceso de ocupación de estas viviendas. Lo de participar en el proceso de selección ni lo contemplaba siquiera, por imposible e inviable.
La verdad, no le faltaba razón a esa persona. Te imaginas querido lector, que se pudiera leer en el tablón de anuncios de la asociación de vecinos, que la comisión de admisión del barrio ha decidido, que el primero derecha del portal A, lo ocupe fulanita de tal, víctima de violencia de género, y sus dos hijos de 5 y 7 años, para general conocimiento de todo el mundo, incluso del maltratador. ¿A que no?, pues eso, larga cambiada y salida por la tangente.
Ahora que en el Partido Popular dicen que se han rearmado ideológicamente en Madrid, sacando del baúl de la abuela las viejas esencias populares con olor a naftalina incluido y con el mismísimo Aznar a la cabeza, quizás sea un buen momento para echar la vista atrás y repasar la política de vivienda durante los últimos ocho años de gobierno municipal, para entender, que eso de los realojos, la construcción de viviendas con algún grado de protección o las políticas de acción social, con especial énfasis en lo que significa la palabra acción, que le da sentido a la siguiente, social, y dignidad a los usuarios de este servicio, les viene tan grande como la ropa del Auxilio Social y son asignaturas que siempre han suspendido, por pura desgana, que es el peor motivo para suspender.
No soy quien para dar consejos, pero si yo estuviera en la piel del alcalde, me cuidaría muy mucho de prometer algo que es muy probable que no pueda cumplir, porque él sabe desde que cursó primero de concejal, que no puede dejar determinadas decisiones en otras manos que no sean las suyas propias, previo informe de los servicios técnicos municipales competentes en la materia, salvo que haya decidido tirar para adelante y que el que venga detrás que arree, total. las Elecciones Municipales están detrás de la esquina y después ya veremos que hacemos. Y es que hay veces que es mejor estarse calladito, porque intentar enmendar un error, cometiendo otro aún más grande, no es lo que hacen los buenos gobernantes.
Por desgracia, esto es lo que hay en la planta noble del Ayuntamiento de Albacete, pero como no hay mal que cien años dure, siempre nos quedará París, el Alba, aunque este fin de semana se dejara los tres puntos en Riazor, y las Elecciones Municipales.