Por Carlos Garrido
El club albaceteño mantiene viva una tradición muy arraigada en la localidad y afronta la temporada 2025/26 con una estructura sólida, más de 150 jugadores en la sección de pista y un proyecto que mira al futuro sin renunciar a su esencia
El balonmano sigue muy vivo en Villarrobledo. Y buena parte de culpa la tiene el Club Amigos del Balonmano de Villarrobledo, una entidad que lleva décadas sosteniendo este deporte en la localidad y que, temporada tras temporada, continúa reforzando su estructura con una idea muy clara: crecer desde la base.
Ese enfoque queda reflejado en el propio modelo de club. El CAB Villarrobledo no se entiende sin su cantera. De hecho, la entidad deja claro en su dossier informativo de la temporada 2025/26 que su principal objetivo es “mantener la llama del balonmano en Villarrobledo”, partiendo siempre de que lo más importante es el trabajo formativo. No es una frase hecha. Es una hoja de ruta.
Actualmente, el club cuenta con 153 jugadores y jugadoras en la sección de pista, repartidos entre categorías benjamín, alevín, infantil, cadete, juvenil y sénior. A ellos hay que sumar otros 118 participantes en la sección de balonmano playa, una modalidad que también ha ido ganando peso en la entidad en los últimos años.
Un club con estructura y con presente
El CAB Villarrobledo presenta una organización amplia y bien definida, dividida en dos grandes áreas: la deportiva y la administrativa. Al frente de la entidad se encuentra Antonio Grande Ferrándiz como presidente, con J. Lisardo Fernández Rosillo-Padilla como secretario y Adrián Cobreros como director técnico, entre otros miembros de una directiva numerosa.
En el apartado puramente deportivo, el club dispone esta temporada de equipo sénior masculino y femenino en Primera Territorial, además de un juvenil masculino, sin olvidar todas las categorías inferiores. También se mantiene viva la actividad en las escuelas deportivas del pabellón del Barrio Asturias, donde se trabaja con los más pequeños desde edades tempranas.
La intención del club pasa por seguir generando un recorrido completo para el jugador o jugadora de Villarrobledo. Que quien empieza en la base vea un espejo en el que mirarse. Que el niño que hoy entrena en benjamines o alevines tenga mañana una referencia cercana en el juvenil o en el sénior. Esa continuidad es, precisamente, una de las claves del proyecto.
La importancia de no perder la identidad
Uno de los rasgos más reconocibles del CAB Villarrobledo es su defensa de un modelo arraigado al pueblo. El club apuesta por plantillas formadas mayoritariamente por jugadores locales o de la zona, complementadas con algún refuerzo puntual cuando las posibilidades económicas lo permiten, pero evitando convertir al equipo en una estructura artificial o alejada de la realidad de la localidad.
Es una filosofía que la entidad remarca de forma expresa: competir, sí, pero sin perder la cabeza ni debilitar la estructura del club. El objetivo no es construir un equipo de paso, sino mantener uno con identidad, reconocible para la afición y útil para la formación de los jóvenes.
Una historia larga, no siempre fácil
El balonmano no es nuevo en Villarrobledo. Todo lo contrario. La localidad ha tenido siempre un fuerte arraigo con este deporte, hasta el punto de que del municipio han salido jugadores de nivel y etapas muy recordadas.
La historia moderna del CAB Villarrobledo arranca oficialmente el 9 de agosto de 1989, aunque el balonmano ya venía de antes. En aquella época, un grupo de exjugadores decidió reunirse para relanzar este deporte en la ciudad tras la desaparición del equipo en 1985. Aquella semilla acabó dando forma al Club Amigos del Balonmano.
Desde entonces, la trayectoria del club ha estado marcada por etapas de crecimiento, por fases de ascenso, por títulos regionales y por momentos complicados. El CAB llegó a proclamarse campeón de Segunda División Nacional sénior masculina en varias temporadas, además de firmar éxitos en categorías juveniles y cadetes. También rozó el ascenso en fases disputadas en ciudades como Granada, Alicante, Mijas o La Cañada.
Pero no todo ha sido sencillo. Los problemas económicos, las lesiones o la falta de efectivos en determinados momentos obligaron al club a reinventarse más de una vez. Ahí es donde la cantera ha jugado un papel decisivo. Cuando el primer equipo ha sufrido, la base ha sostenido el proyecto.
La playa también gana terreno
En los últimos años, el CAB ha abierto una nueva vía de crecimiento con el balonmano playa. El club ha impulsado campeonatos locales y ha introducido a sus equipos en el circuito regional Arena Terri, además de plantearse como objetivo de futuro dotar a Villarrobledo de una pista específica para esta modalidad.
No es un añadido menor. Es otra muestra de que la entidad no se conforma con sobrevivir, sino que quiere seguir ampliando horizontes y generando nuevas oportunidades para sus jugadores.
En definitiva, si algo transmite el CAB Villarrobledo al repasar su presente y su historia es la sensación de estar ante un club hecho desde dentro, a base de tiempo, trabajo y convicción. Un club que probablemente no tenga el foco mediático de otras disciplinas, pero que ha sabido mantenerse en pie durante más de tres décadas.
