
El padre de una adolescente guipuzcoana con anorexia ha recogido ya más de 95.000 firmas pidiendo al Gobierno Vasco una unidad especializada en trastornos alimentarios en Euskadi.
En la plataforma Change.org, José Julián Nieva denuncia que en Euskadi «no existe ni una unidad pública especializada en tratar los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y que por ello su hija Nagore, de 16 años, está ingresada en Albacete, a 700 kilómetros de su casa, en la localidad guipuzcoana de Lezo, y alejada de su familia».
En un desgarrador relato indica que: «A sus 15 años nuestra hija Nagore quedaba con sus amigas, se apuntaba a mil planes, tocaba el saxofón… pero un día se empezó a apagar. Se aisló en su cuarto, no hablaba, no comía… parecía deprimida. Pensamos que podría ser por el confinamiento a una edad difícil, pero era mucho más». «En unos meses empezó a perder 2 kg por semana, se quedó sin fuerza… le dolía hasta vestirse. No era capaz de bailar. No tenía aliento para tocar el saxofón. Cada comida en casa se volvió una tensión, no quería tomar ni agua… Llegó un punto en que balbuceaba, porque ya no podía ni hablar», lamenta.
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Explica que ahora Nagore tiene 16 años y una grave Anorexia diagnosticada. «Y por si la enfermedad no fuera lo suficientemente destructiva, está ingresada a 700 km de casa, en Albacete. Porque en toda nuestra comunidad autónoma (País Vasco) no existe NI UNA sola unidad médica pública especializada para su enfermedad».
«O pagas 5.000 euros al mes o te encuentras de un día para otro peregrinando de comunidad en comunidad, rogando que allí donde sí hay centros específicos, alguien la quiera ingresar. Y todo sabiendo que el tiempo corre rápido y podrías llegar demasiado tarde para salvar a tu hija de su enfermedad», explica.
Expone que «un día descubrimos que Nagore se había hecho cortes en los brazos. Era muy grave y no sabíamos qué hacer. Pagamos un psicólogo privado. La cita para el psiquiatra se la daban tres meses después. “Si esperamos tres meses se nos muere”, advertimos, pero nos ignoraron. Un día, desesperados, sentimos que la perdíamos y corrimos a urgencias. La ingresaron tres meses. Luego salió, entró, volvió a salir… y 6 meses así. En los centros no especializados solo les ingresan cuando su vida está en peligro, y luego les vuelven a dejar. Así NO se cura un TCA».
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Ella se pasó el 2021 entrando y saliendo de la unidad de agudos infanto-juvenil del hospital Donostia. Allí los profesionales hicieron lo que pudieron, pero fue insuficiente, explica su padre. Detalla que «fueron ellos mismos los que nos recomendaron buscar una unidad especializada. Lo contrario habría sido dar a nuestra hija por perdida, cronificar su enfermedad, dejarla marchar».
«No puede ser que por falta de recursos en nuestra comunidad hayamos tenido que ingresar a nuestra hija a ocho horas en coche de nuestra casa. Es una vergüenza que en todo el País Vasco no exista ni una sola unidad específica de TCA. Supone un abandono de todas las pacientes como mi hija Nagore», lamenta y pide una solución.
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