
Por José Iván Suárez
Con trece años, allá por 1924, Belisario trabajaba como pinche de cocina en el Gran Hotel. Por entonces, hace un siglo, un deportista español ocupaba páginas de la prensa y comentarios en cafés y tabernas. Era Paulino Uzcudun, gran figura del boxeo español que iniciaba su meteórico éxito en los cuadriláteros. Así, repasando las crónicas y las fotos del peso pesado vasco que venían en los periódicos, el joven albaceteño comenzó a aficionarse por el boxeo. “Me animó, tanto que sin preparación ni nada, sin haberme calzado unos guantes de esos, disputé mi primer combate, exactamente contra el madrileño Manuel López de Rodas, campeón del Cinturón de Madrid; me duró poco pues enseguida le tiré patas arriba”, recordaba Belisario Miranda Tendero mucho tiempo después en una entrevista.
Aquel combate tuvo lugar en el campo de deportes del Paseo de la Cuba. En otras ocasiones, las veladas de boxeo se celebraban en otros espacios como la Sala Los Patines, la Plaza de Toros y hasta en algún cine de la capital. La afición por el boxeo en Albacete comenzó a arraigar hacia los años veinte. A mediados de la década, un cronista contaba en un diario local: “Es innegable que cada vez adquiere más importancia en España esta manifestación deportiva. La lucha franca, valiente, noble sin fondos, sin arreglos, sin pardaleos, interesa y apasiona a los aficionados”.
Un deporte aún joven en España que despertaba la curiosidad de propios y extraños. Aunque es verdad que el hombre se ha dado de tortas desde la prehistoria, no fue hasta mediados del siglo XIX cuando John Sholto Douglas, IX Marqués de Queensberry, estableció unas normas con las que golpearse con caballerosidad. Y a finales de ese siglo, comenzó a practicarse el boxeo en Barcelona. Aunque hasta varias décadas después no se popularizó gracias a nombres como el propio Uzcudun o Antonio Ruiz, Luis Rayo, Víctor Ferrand, Carlos Flix o Ignacio Ara. Y en esta ola de afición, surgieron en Albacete los primeros púgiles: Charles, López, Ruiz, Motos, García, Juan Sinsangre, Rubio y Belisario que, quizá, no fue formalmente el primero, aunque sí se convertiría en el primer albaceteño que boxeó de manera profesional. O como le describiría el mítico Olime al final de su vida: “Belisario, el mejor boxeador albacetense de todos los tiempos”.
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Sin embargo, los inicios no fueron fáciles para Belisario. Consultamos un breve deportivo publicado en agosto de 1928: “El tercer combate corrió a cargo de Belisario y Barber, aquel local y éste de Levante. Barber boxeó bien, pero el match se declaró nulo, en vista del poco lucido juego, a causa de la escasísima ciencia de Belisario, que no debe subir al ring sin estar bien entrenado y haber aprendido a boxear”. En marzo de 1929, el mismo periódico ya le tildaba como “As”. Y en otra ocasión se decía de él: “Belisario es un muchacho que tiene una constitución muy apropiada para dedicarse a este deporte; es valiente hasta la exageración y posee un fuerte punch”. La auténtica esperanza del pugilismo albacetense que ya contaba “con una infinidad de adeptos en esta capital”.
Por Alicante, Murcia o Valencia, también paseó Belisario sus puños en aquellos años dorados de su carrera. El periodo entre el final de la monarquía y el comienzo de la II República fue una época álgida de este deporte en la ciudad. De hecho, el 12 de junio de 1928, el Defensor informaba: “Albacete, federado en Boxeo”. Aunque la remuneración por boxear no estaba en sintonía con este nuevo estatus del deporte. En nuestra ciudad, Belisario cobraba cinco o seis duros por combate. “Recuerdo que en cierta ocasión disputé el título de campeón de España con el valenciano García Álvarez, y mientras a él le dieron por este combata seis mil pesetas, yo solamente percibí diez duros. Esto fue en Murcia”, rememoraba Belisario su trayectoria.
Militó en el peso ligero y cuando pasó a profesional, luchó como welter. Recordaba a contrincantes como Chamorro, Segundo Bartos, Bolaño, Navarro, Torregrosa y al paisano Charles. Un rival albaceteño, de los pocos que se atrevían a luchar contra él y que deparó una sana contienda entre aficionados del uno y del otro, al modo de la división que existía entre toreros de otros tiempos. Tuvo Belisario el apoyo del ex jugador del Albacete, Américo Castillo, alias “Chales”, que fue su entrenador y, finalmente, el boxeador albaceteño se consolidó en el circuito llegando a ser campeón provincial y regional.
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En la España revuelta de 1934, Belisario fue multado con 100 pesetas por protestar por la detención de Manuel López Moreno, alias “Gilillo”, y Manuel Miranda Tendero que se arrojaron al ruedo de la Plaza de Toros de Albacete, una tarde de incidentes en el coso taurino. Y en este vaivén de la vida y de nuestro país, el domingo 19 de julio de 1936, cuando España caminaba al desastre de la Guerra Civil, Belisario peleó contra Navarro en el Murcia Park. En una noticia publicada días después en Tiempo, se decía: “Si Navarro se hubiese decidido a atacar en lugar de encerrarse en una guarida absurda, otro hubiera sido el cariz del combate. Al amigo Belisario le aconsejamos un poco más de serenidad. Tiene magníficas condiciones para llegar lejos, pero le hace falta perder esa fogosa nerviosidad que le resta muchos puntos a lo largo de un combate. Su victoria, desde luego, fue justa y aplaudida, aunque pudo ser más brillante”.
Con el paso de los años, Belisario reconocía que su mejor virtud era “mi afán de superación y mi constante entrenamiento, supliendo con derroche de facultades y valentía los posibles fallos técnicos, ya que en verdad no teníamos protectores ni gimnasios en Albacete”. La Guerra Civil detuvo su progresión. Tras la tragedia, regresó a los cuadriláteros. El 1 de mayo de 1942, después de encontrarse un periodista con el púgil en la plaza del Caudillo, el diario Gol le hacía una entrevista. Explicaba Belisario que “estoy nuevamente en Albacete, pero solamente por breves días, pues tan pronto como resuelva un asunto al cual he venido ex profeso, partiré nuevamente para Murcia, capital en la que, como sabes, resido actualmente”. Y confesaba que “no puedes figurarte las ganas que tengo de actuar nuevamente ante mi público”. Las veladas de boxeo regresaron y Belisario demostró su pundonor renovado, ahora sí, como verdadero profesional, cobrando 800 pesetas en una de sus últimas intervenciones.
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En 1943, Belisario colgó los guantes. Durante sus años de boxeo disputó cerca de 80 peleas. El 29 de mayo de 1983, en La Voz de Albacete, Olime informaba: “Ha muerto Belisario. Ayer, fuera del ring, perdió su último combate en la vida”. Tenía 72 años y dejó una extensa familia. En sus últimos tiempos, ya jubilado como cocinero, apoyó a los jóvenes aspirantes, especialmente en La Roda, donde residía. Antes de marchar, concedió varias entrevistas a la prensa local y nos dejó un titular que bien vale para cualquier reto en la vida: “Pegué mucho más que recibí”.

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