
Marco Antonio Etcheverry, exjugador del Albacete Balompié, recibió un emotivo reconocimiento y su nombre perdurará en el Salón de la Fama en Washington DC, por su destacada trayectoria en el fútbol de ese país además de la labor social que realizó mientras permaneció en esa capital.
Allí logró los triunfos que no obtuvo en Albacete, donde dejó anécdotas como las que ya les contamos en su historieta. Pepe Carcelén, entonces en la 91-92 actuaba de Secretario Técnico, vio un partido del Bolivar en un video y ya le impresionó Marco Antonio Etcheverry Vargas que entonces tenía 20 años. El jugador marcó en ese año 21 goles en 41 partidos. Se cogió la maleta y se fue a Bolivia a confirmar lo que intuyó por televisión y no dudo en traérselo para el Albacete que por primera vez en su historia iba a jugar en la primera división. Vino cedido con opción de compra que el club no ejecutó.
Pero el jugador salía de su país por primera vez y nunca se aclimató a Albacete, ni a sus costumbres, ni a los horarios, nos cuentan medio en broma medio en serio que tenía Jet-Lag permanente.
De hecho, la historia que más ha quedado en la memoria de todos fue que un día Pepe Carcelén, preocupado por el bajo rendimiento del boliviano fue a su casa a hablar, Marco Antonio le abrió la puerta diciendo que pasara que iba a cenar y en la mesa había dos docenas de pasteles de La Suiza. Carcelén le preguntó que qué hacía a lo que el jugador le contestó que era lo que más le gustaba de aquí.
Después del Albacete se fue al coló-Colo de Chile donde ganó liga y Copa en la 93-94 y más tarde a la Major Soccer League de EEUU, donde es considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la Liga, ganado tres ligas con el DC United.
En una entrevista años después cuando militaba en el DC United de Whasington Etcheverry comentaba que a pesar de que en el Albacete le trataron «de maravilla», el club español tenía unas aspiraciones que no coincidían con su mentalidad, puesto que el equipo «sólo pensaba en mantenerse en la Liga», relató.
