

Un emblema del invierno en el corazón de Albacete es, sin duda, el tren de las castañas y boniatos de Pascual Panduro. Lo que sí que ya no es tan habitual es verle trabajar en manga corta y con casi 30 grados, cerca de las siete de la tarde, a 27 de octubre. En una entrevista con Masquealba, el célebre castañero de Albacete nos contaba que lleva 35 años abriendo este puesto de castañas en los meses de frío y que no recuerda tanto calor, tan cerca de noviembre, lo que hace que su negocio también se resienta.
Sí apunta que «en los últimos cinco o seis años, cada vez es más normal que haga menos frío, aunque no tanto calor como este año». De hecho, apunta que lo normal es que instale su puesto, en la Avenida de España, ya el Día de El Pilar, el 12 de octubre, pero que este año lo ha retrasado «por el calor». Aunque este pasado sábado, día 22 de octubre, decidió que «ya era hora» y salió a la calle para vender sus castañas y boniatos asados.
«Pensé en esperar unos días, pero el tiempo seguía igual y al final pues he salido así, en manga corta», bromea Panduro que sí destaca que el calor no impide que su clientela fija se acerque ya para comprar sus productos.
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«Tengo la suerte de tener mucha clientela por estos años y vendo, pero no lo que se vendería de estar el tiempo de otra manera», destaca.
Sí ve una ventaja al calor y es «que cuando hace mucho frío, sale menos gente a la calle y hay menos clientes potenciales».
Mayor coste de producción
A esto se añade que el precio de los productos ha subido «de forma muy considerable» en el último año. Apunta que «el kilo de castañas cuesta ahora sobre 1,50 euros más y el boniato más o menos igual», aunque indica que «hay que aceptar lo que viene y seguir trabajando».
Pese a todos los inconvenientes que van surgiendo por el camino en este año de crisis climática y económica, Pascual Panduro afronta su trabajo con optimismo y espera poder estar, con su tren de castañas, por el centro de Albacete, «como todos los años, hasta el 15 de enero».
El resto de meses sigue con su trabajo como feriante, sin perderse las citas importantes de la ciudad de Albacete, como el Carnaval o Semana Santa, como él mismo lo pone de relieve.
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Cuando el calor incrementa el riesgo de muerte
Las altas temperaturas, nada habituales para estas fechas, que sufre España afectan a sectores como el de Pascual Panduro, pero también a la salud de los vecinos en general.
Es innegable la crisis climática que vivimos en la actualidad y que hace que España sea el país de Europa donde más han aumentado las muertes relacionadas con el calor, con el centro peninsular como una de las zonas marcadas en ‘rojo’ a este respecto.
Así lo recogía, esta misma semana, un artículo publicado en la revista The Lancet, que advierte que el número de muertes por calor ha aumentado, de media, en unas 15 por millón en cada década, si bien en España el incremento ha sido el doble.
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La investigación advierte que España se sitúa a la cabeza de la lista, con 30,6 muertes anuales más por millón de habitantes por década. Y, es más, los autores del trabajo ponen sobre la mesa que las muertes relacionadas con el calor podrían duplicarse en 34 años en Europa.
Detallan que los países mediterráneo, y en concreto España, destacan como uno de los epicentros del calentamiento global. Nuestro país, no solo está viviendo un incremento de los termómetros por encima de la media sino que, además, está cada vez más expuesta a las temperaturas extremas.

Más enfermedades infecciosas
Los investigadores advierten que el calor extremo afecta, sobre todo, a colectivos vulnerables como niños menores de un año, a las personas con más de 65 años, a quienes sufren enfermedades crónicas o a quienes padecen un estado delicado de salud. Además, el calor multiplica la aparición de enfermedades infecciosas.
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El cambio climático afecta a la propagación de enfermedades; el tiempo para la transmisión de la malaria aumentó un 32,1 por ciento en las zonas altas de América y un 14,9 por ciento en África entre 2012-2021, en comparación con el período 1951-1960. Así, se espera que “los brotes de enfermedades infecciosas se vuelvan más comunes a medida que continúe el cambio climático y la degradación ambiental, lo que hará que los esfuerzos de control de enfermedades sean cada vez más difíciles”.
En concreto, los científicos aglutinados por The Lancet advierten del “incremento de las condiciones climáticas favorables para la diseminación de enfermedades infecciosas como el dengue, la malaria o el virus del Nilo occidental”.
En definitiva, que hay aspectos del cambio climático que hay que tomarse de manera muy seria, por muy bien que pueda parecer que está pasear, a las puertas de noviembre, con la ropa estival y casi al anochecer.
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