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Llega el juicio al acusado de asesinar a la vendedora de la ONCE, le piden prisión permanente revisable

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Albacete acoge, desde este lunes 5 de junio y hasta el día 17 de este mes, el juicio contra A.G.S, el acusado de asesinar a María Isabel de la Rosa, la vendedora de cupones de la ONCE cuyo cadáver apareció en la casa del acusado, en agosto de 2021, tras varios días desaparecidas.

El Ministerio Fiscal pide para el acusado la prisión permanente revisable, así como un año más por el delito de hurto -al quedarse con el dinero y los cupones para la venta que llevaba la vendedora- y una indemnización de casi 200.000 euros para los familiares de la víctima. En concreto, 75.000 euros para cada uno de sus progenitores y 20.000 más a cada uno de sus dos hermanos.

El escrito detalla que el acusado A.G.S., de nacionalidad española y con antecedentes penales cancelables, mantenía desde hacía años una relación de amistad con la víctima. El acusado y ella coincidían en los locales a los que iba a vender los cupones de la Once y en algunas ocasiones habían tomado alguna cerveza juntos. Por esa relación de amistad, la víctima, en algunas ocasiones le daba al acusado los cupones y rascas que jugaba, comprometiéndose este a pagárselos con posterioridad. Como consecuencia de lo anterior, a mediados de agosto de 2021, A.G.S. adeudaba a la chica 50 euros por lo que, el día 19 de agosto, sobre las 16:11:49 horas, llamó al móvil de ella y le propuso que pasara por su casa, sita en Albacete, con el fin de abonarle el dinero que le adeudaba. Al recibir la llamada, la víctima, que conocía la dirección de A.G.S. y que se encontraba cerca de la misma en ese momento, se dirigió al domicilio de este llegando a los pocos minutos.

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Una vez en la casa de A.G.S. estuvieron hablando y tomando una cerveza, abonándole A.G.S. los 50 euros que le debía. A.G.S. le pidió a María Isabel abrir algunos de los cupones que llevaba para su venta, accediendo ella.

Cuando A.G.S. había consumido una cantidad importante de cupones, por importe de más de 200 euros, ella le dijo que tenía que pagárselos, manifestando A.G.S. que no tenía dinero lo que dio origen a una discusión entre ambos. En un momento dado, A.G.S. le propinó un empujón que hizo que esta, por los problemas de movilidad que padece, cayera al suelo.

La vendedora le dijo que lo iba a denunciar y el investigado, con ánimo de causarle la muerte, aprovechando que ella estaba en el suelo, sin poder levantarse y sin posibilidad alguna de defensa, «se puso encima de ella a horcajadas y, mientras le sujetaba los brazos con las rodillas, la cogió por el cuello, apretándole durante varios minutos, hasta que consiguió asfixiarla causándole la muerte», tal y como detalla el escrito de acusación del Ministerio Fiscal.

Una vez Andrés comprobó que ella estaba muerta, envolvió el cadáver en unos plásticos y lo llevó a una de las habitaciones de la casa.

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El día 20 A.G.S. encargó en un almacén ladrillos del 9, cemento y arena y, el día 23 de agosto, como necesitaba más material, llamó a un conocido, A.A.M., para que le acompañara en el coche a comprar unos sacos de cemento y de arena.

Una vez dispuso del material, A.G.S., en una habitación pequeña, situada tras un patio interior y destinada a almacenar material, procedió a construir con el material que había comparado un habitáculo de pequeñas dimensiones en el que ocultó el cadáver, cubriéndolo con ladrillos y cemento tratando de evitar que el cadáver fuera descubierto y que se produjeran olores que pudieran delatarlo.

A.G.S., introdujo en el mismo montículo algunos de los rascas que había consumido ese día, así como el móvil, el TPV que usaba la víctima y el chaleco de la Once. A.G.S., antes de esconder el cadáver, le cogió los 50 euros que él había entregado con anterioridad y el resto de dinero que la misma llevaba en efectivo, procedente de la venta de cupones y rascas que había efectuado esa mañana.

El acusado, con idéntico ánimo de lucro, se quedó también con el resto de los cupones que llevaba la víctima, y que no habían sido usados, guardándolos en distintas estancias de la casa. 

La chica, que vivía con sus padres y su hermano, tenía diagnosticada una hemiplejia derecha por parálisis cerebral mixta de etiología sufrimiento fetal y una inteligencia límite por parálisis cerebral en forma hemipléjica de etiología no filiada, patologías por las que tenía reconocida una minusvalía del 70%.

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