Por Carlos Garrido
El autor publica ‘Relatos de un suspiro: Para devolver leído’, una novela inspirada en sus raíces y ambientada en la Guerra Civil que pone el foco en las historias humanas de quienes vivieron aquellos años.
Hay historias que necesitan tiempo para encontrar su camino hasta el papel. Algunas, incluso, más de veinte años. Es lo que le ha ocurrido a Luis Domingo Rico González. Natural de Alcalá del Júcar, acaba de publicar su primera novela en el que ha conseguido convertir en realidad un proyecto que llevaba más de dos décadas acompañándole. El resultado es Relatos de un suspiro: Para devolver leído, una novela profundamente ligada a sus raíces, a la memoria familiar y, especialmente, a la figura de su abuelo Pepe, el hombre que despertó en él su pasión por los libros.
«Durante más de veinte años fue una idea y no un libro. Tenía las historias, tenía a la gente, tenía el pueblo, pero me faltaba atreverme», reconoce Luis Domingo Rico, graduado en Económicas, que fue construyendo la historia poco a poco, entre anotaciones, dudas y momentos en los que dejaba aparcado el proyecto para retomarlo tiempo después. Tanto respeto le producía aquella aventura que decidió no contarle a nadie que estaba escribiendo hasta haber terminado la novela.
El momento de tener finalmente el libro entre sus manos fue especialmente significativo. Después de tantos años, aquellas historias que durante mucho tiempo habían permanecido en su cabeza pasaban a formar parte de algo que otras personas podrían descubrir. «Es muy raro y muy bonito. Lo que sentí, sobre todo, fue que ya no era mío del todo. Que ahora era de quien lo leyera», explica.
Detrás de esta obra se encuentra, en buena medida, la figura de su abuelo Pepe, que ejerció como maestro en Alcalá del Júcar. Luis no llegó a verlo impartiendo clase, puesto que ya estaba jubilado cuando él era pequeño, pero conserva imágenes que han permanecido intactas en su memoria. «Yo me levantaba para ir a la escuela y él ya llevaba un rato escribiendo. Siempre. A mano o con una Olympia azul, en la mesa camilla», recuerda.
Aquellas escenas cotidianas acabaron dejando una huella mucho más profunda de lo que entonces podía imaginar. Su abuelo le transmitió el amor por la lectura sin necesidad de grandes discursos y, muchos años después, esa influencia terminaría convirtiéndose en una novela. «Más que una promesa, este libro es un homenaje. A él, que me metió el gusanillo de los libros sin decirme nunca que lo hacía; y a toda su generación: la gente que pasó la guerra, que lo pasó mal de verdad y que nunca se quejó», señala.
La coincidencia entre aquellos recuerdos y la historia que ha terminado escribiendo tiene, además, algo de especial. Luis nunca llegó a preguntarle a su abuelo qué escribía durante tantas mañanas. Sin embargo, su novela tiene como protagonista a un maestro que recoge en unos cuadernos todo cuanto sucede en su pueblo.
La Guerra Civil española sirve como escenario de una historia que, según explica su autor, no pretende centrarse en los enfrentamientos militares ni en las diferencias entre bandos, sino en las personas que tuvieron que vivir aquellos acontecimientos y tomar decisiones en circunstancias extraordinariamente difíciles.
«Más que una novela sobre la Guerra Civil, es una novela sobre las personas que la padecieron. De un bando y del otro», afirma. Su intención era comprender por qué cada persona actuó de una determinada manera, ya fuera por convicción, por miedo o por las circunstancias que le tocaron vivir. Una reflexión que resume con una de las frases de la propia obra: «La miseria reparte las cartas, pero cada cual juega su mano».
En ese universo literario, Alcalá del Júcar ocupa un lugar fundamental. Aunque el autor ha modificado algunos escenarios, costumbres y localizaciones para adaptarlos a la ficción, el paisaje y la identidad de su pueblo permanecen presentes a lo largo del relato. El río, el puente, las cuevas y esa forma particular de relacionarse entre vecinos forman parte del ambiente que envuelve la historia.
«Soy rabiblanco, me críe a la orilla del Júcar, y uno escribe desde donde ha aprendido a mirar», asegura Luis, convencido de que sin sus raíces habría escrito una novela completamente diferente. Al mismo tiempo, considera que muchas de las vivencias que aparecen en sus páginas pueden resultar familiares a personas de otros pueblos que compartieron una realidad semejante.
La ficción también le ha permitido reencontrarse, de alguna manera, con personas importantes de su vida. Aunque los personajes son inventados, ha querido rendir homenaje a sus abuelos, a los abuelos de su mujer y al hombre que le enseñó música, tanto a él como a varias generaciones de Alcalá del Júcar.
«A ellos les inventé una vida y les copié el alma», explica. Un proceso que reconoce haber vivido con sentimientos encontrados: «Emocionalmente ha sido muy bonito y muy duro a la vez. Es como sentarte otra vez a la mesa con gente que ya no está. Al escribir te das cuenta de que lo que estás haciendo, en el fondo, es despedirte».
Entre todos los episodios de la novela, hay uno que guarda un significado especialmente íntimo para su autor. Se trata de un encuentro ficticio entre sus dos abuelos durante la Guerra Civil, cuando ambos se encontraban en bandos diferentes. Luis desconoce si llegaron a coincidir realmente en el frente, pero quiso imaginar que sus caminos se cruzaban y que, lejos de hacerse daño, terminaban ayudándose mutuamente.
Años después, el hijo de uno se casaría con la hija del otro, dando origen a la familia de la que forma parte el propio escritor. «Que ninguno se quedara en aquella guerra es la razón de que yo esté hoy aquí contándolo. No puedo evitar que se me remueva algo por dentro cada vez que lo releo», confiesa.
Más allá de contar una historia, Luis Domingo Rico espera que su novela invite a los lectores a mirar hacia su propia memoria familiar, a recordar a sus abuelos y a interesarse por las experiencias de quienes vivieron aquellos años. «Si alguien termina de leer y siente ganas de preguntar a sus padres, a un familiar o a un vecino del pueblo cómo fue aquello, el libro habrá cumplido», asegura.
También encuentra un significado especial en la expresión «Para devolver leído», que el maestro de la novela escribía en los libros que prestaba. Para el autor, encierra una enseñanza que trasciende la lectura: aprender de las generaciones anteriores y utilizar ese conocimiento para ser mejores personas y contribuir a mejorar el mundo que nos rodea.
Después de dedicar buena parte de su vida a sacar adelante esta primera obra, Luis reconoce que la escritura le ha dejado ganas de continuar. Tiene nuevas ideas en mente, aunque prefiere avanzar con prudencia y esperar a estar convencido de que merecen la pena.
Por ahora, Relatos de un suspiro: Para devolver leído ya ha cumplido una misión que durante más de veinte años parecía lejana: convertir los recuerdos, las raíces y el cariño hacia quienes ya no están en una historia que, desde Alcalá del Júcar, puede llegar a muchos otros lugares.
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