0 comments

El Centro Joven de La Gineta, de Rafael Martínez Sarrión, gana el Premio COACM Emergente

La buena arquitectura no necesita grandes dimensiones, presupuestos extraordinarios ni gestos espectaculares para emocionar. El Centro Joven. Espacios de Ocio y Cultura de La Gineta, proyectado por Rafael Martínez Sarrión, de NŌ architects, es una muestra de ello. Con menos de 200 metros cuadrados, este equipamiento público ha conseguido el Premio COACM Emergente de los III Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla-La Mancha 2024/2025, organizados por el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM).

El jurado destacó la «abstracción radical» de una propuesta que, mediante un lenguaje basado en conceptos fundamentales, consigue una pieza «evocadora y poética» que trasciende su aparente sencillez. Una valoración que conecta con la filosofía de Martínez Sarrión y su equipo, para quien el proyecto representa un ejercicio de contención inspirado en la arquitectura tradicional de los pueblos manchegos, históricamente caracterizada por la modestia de sus materiales, sus formas y sus recursos.

Esa búsqueda de la sencillez constituye también una de las señas de identidad de NŌ architects. El arquitecto explica que su estudio trabaja eliminando las capas superfluas de cada proyecto para «llegar a la raíz, a la esencia de las cosas y desde ahí ser capaces de emocionar». Una aparente simplicidad que, lejos de resultar sencilla, exige reflexión, precisión y un conocimiento profundo del lugar.

El edificio se sitúa junto al Parque de la Glorieta Amalio Fernández, denominado así en recuerdo del pintor y escenógrafo nacido en La Gineta que desarrolló una destacada trayectoria internacional. Para Martínez Sarrión, esta circunstancia forma parte de la identidad del proyecto. «Creemos que los proyectos han de nacer de los lugares», señala. Por eso, uno de sus primeros planteamientos fue crear una ventana horizontal abierta al parque, pero también a la memoria de una localidad que, a través de figuras como Amalio Fernández, ha proyectado su talento más allá de sus fronteras.

La fachada reinterpreta las tradicionales cortinas manchegas, utilizadas para preservar la intimidad de las viviendas sin perder su relación con el exterior. Una sucesión de gallardas lamas metálicas, lacadas en tonos terrosos, configura un delicado velo que filtra la luz y las vistas. Su ejecución planteó uno de los principales retos constructivos, al requerir elementos de gran esbeltez y sin juntas horizontales visibles. La solución llegó mediante el trabajo conjunto del estudio, el constructor y los artesanos, hasta materializar una de las imágenes más características del edificio.

Concebido inicialmente como centro joven, el equipamiento responde a una vocación más amplia. Rafael explica que desde el principio quisieron que también pudiera ser la casa de los niños y de los adultos, en definitiva, la casa de todos. Los espacios flexibles permiten desarrollar actividades de distinta naturaleza, mientras que un patio interior separa los ambientes más dinámicos de los tranquilos, manteniendo su conexión visual mediante las transparencias.

Para Martínez Sarrión, ver el Centro Joven habitado supone una de las mayores satisfacciones de su profesión. «Cuando lo proyectas, imaginas cómo se habitará, cómo se relacionarán las personas con el espacio, pero hay algo que nunca puedes dibujar, lo que finalmente sucede dentro», explica. La utilización cotidiana del edificio confirma aquella aspiración de convertirlo en una casa para todos, un espacio que sus usuarios puedan hacer suyo. «Me gusta pensar que la arquitectura, cuando consigue ser lo suficientemente abierta y flexible, deja de ser solo nuestra para convertirse en la de quienes la habitan», reflexiona. Y resume esa satisfacción con una frase que adquiere un significado especial en su pueblo natal. «No construimos únicamente espacios, sino escenarios para la vida», asegura.

El presupuesto disponible fue otra de las condiciones determinantes. Martínez Sarrión defiende la importancia de mantener una comunicación directa y continuada con las administraciones locales para conocer los límites económicos y encontrar, dentro de ellos, las mejores soluciones posibles. En La Gineta, esa adaptación no supuso renunciar a la ambición arquitectónica, sino concentrarla en los elementos verdaderamente esenciales.

De las raíces locales a una arquitectura sin fronteras

Para Rafael Martínez Sarrión, natural de La Gineta, el reconocimiento tiene también un marcado significado personal. El premio demuestra que una obra de dimensiones contenidas, construida en un pequeño municipio, puede trascender su entorno y alcanzar reconocimiento en el conjunto de Castilla-La Mancha.

El arquitecto encuentra en ello un mensaje para quienes comienzan su trayectoria profesional y para los habitantes de los pequeños pueblos. Reivindica «la voluntad de tener raíces, de saber de dónde viene» y, al mismo tiempo, la posibilidad de «tener alas y soñar alto». Una reflexión que adquiere especial sentido en su propia experiencia, desarrollando proyectos tanto en su entorno cercano como en escenarios internacionales.

Desde esa perspectiva, considera que una de las principales aportaciones de su generación es entender la arquitectura como una profesión cada vez más colaborativa. El trabajo de NŌ architects en otros países, como Bali y Arabia Saudí, requiere la participación de equipos locales y profesionales de distintas especialidades. Esa creación de redes permite, en sus palabras, desarrollar «una arquitectura mejor, más colaborativa y más abierta».

El arquitecto extiende esta reflexión al papel de los colegios profesionales y, particularmente, al COACM. Más allá del reconocimiento que representan los premios, destaca la labor continuada de divulgación y apertura a la sociedad que desarrolla la institución, con la que ha colaborado mediante una exposición de su trabajo en la Demarcación de Albacete.

Para Martínez Sarrión, iniciativas como los Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla-La Mancha permiten compartir experiencias entre profesionales y, sobre todo, mostrar a la ciudadanía el valor de la arquitectura que se realiza en su territorio. Una tarea que considera fundamental porque, como recuerda, el trabajo de los arquitectos es «por y para las personas».

El galardón fue entregado el pasado 11 de junio por Eduardo Mascagni, presidente de la Demarcación de Albacete del COACM, durante la ceremonia celebrada en el Centro Municipal Integrado Eduardo Guitián de Guadalajara. Rafael Martínez Sarrión no pudo asistir porque participaba en una ponencia profesional en Barcelona, comprometida con anterioridad. Pero estuvo representado por alguien especialmente importante en su vida.

Fue su madre quien recogió el premio y protagonizó uno de los momentos más emotivos de la ceremonia. Para Rafael, compartir este reconocimiento con quienes han construido con él esta andadura y le han acompañado durante su trayectoria supone una satisfacción enorme. Su madre recordó el esfuerzo, las noches de desvelo y la dedicación que hay detrás del trabajo de su hijo, su socio Pedro Terrades y el resto del equipo. Y, con el orgullo y el cariño de quien ha vivido de cerca, y sufrido con él, en ese camino, resumió lo que aquel reconocimiento significaba para ella. «Este premio no es solo un logro de su carrera, sino el reflejo de su pasión».