0 comments

OPINIÓN Cumplir un sueño. Añadir una estrella, por Emilio Sáez

Dicen que los símbolos son una brújula colectiva: nos orientan, nos identifican, nos recuerdan quiénes somos. Las banderas y los himnos pueden encender tiempos de guerra, pero también abrir espacios de esperanza. Y el domingo vivimos una de esas jornadas en las que lo simbólico deja de ser abstracto para convertirse en una emoción compartida en calles, plazas y hogares de todo el país.

La Selección Española de Fútbol volvió a ser ese punto de encuentro. Un equipo que no solo representa la fuerza del grupo humano que lo integra, sino también la pluralidad de voces, orígenes, creencias y valores que conviven en nuestro país. En su camiseta se condensa una idea poderosa: que la diversidad, cuando se pone al servicio de un objetivo común, es capaz de conquistar el mundo.

España es eso mismo. Y debemos sentir orgullo al reconocernos en la garra, la competitividad y la solidaridad que este equipo ha mostrado para alcanzar un sueño que ya es de todos.

El fútbol es deporte, sí, pero también es metáfora. Es la complejidad de ajustar una maquinaria humana hacia una meta compartida. Los jugadores y el cuerpo técnico han demostrado que los sueños pueden cumplirse cuando se trabaja con humildad, compromiso y confianza mutua. Que un país entero, sin diferencias ni hostilidades, puede celebrar unido un triunfo que nos recuerda lo mejor de nosotros mismos.

El domingo asistimos a una de las formas de comunicación más necesarias: el abrazo. Nos abrazamos tras el gol de Ferrán Torres, en las plazas, en los bares, en las casas, en los espacios preparados para vivir el acontecimiento. Nos abrazamos para contagiarnos de la fuerza de un país que late al ritmo de sus éxitos, pero que también ha sabido acompañar en los fracasos. Ese abrazo colectivo es, quizá, el símbolo más valioso de todos.

Hoy la historia nos sitúa en lo más alto del podio de un deporte que forma parte esencial de nuestra identidad. Celebramos el reconocimiento, celebramos el esfuerzo, celebramos que un grupo de jugadores haya encarnado la dimensión real del éxito: el que se construye partiendo de la unidad.

Desde la política deberíamos aprender de estos mecanismos de aceptación, diálogo y trabajo en equipo. Deberíamos asumir que también desde la política se puede acompañar la sonrisa de un niño, la esperanza de una familia, los objetivos de la juventud o las necesidades de nuestras personas mayores. Y hacerlo como lo hace una afición: con una voz común, con ganas de avanzar, con la convicción de que un país mejor se construye celebrando juntos los logros compartidos.

Eso, además de la victoria, es lo que podemos agradecer a la Selección Española y a su cuerpo técnico: haber demostrado que lo simbólico puede convertirse en una fuerza real de apoyo, confianza y unión.

He llevado la camiseta de España para vestir un símbolo. Y desde esa identificación, desde esa celebración, merece la pena seguir trabajando. Somos un país que avanza, que abre sendas de progreso. Hagamos de este éxito, de la garra de nuestra Selección, un ejemplo indispensable para continuar.

Una nueva estrella nos propone un nuevo firmamento.

EMILIO SÁEZ CRUZ. Diputado del PSOE en el Congreso y secretario general de la Agrupación Municipal del PSOE de Albacete