La moción de censura presentada por el Partido Socialista ha dejado a Pedro Sánchez en La Moncloa, a Mariano Rajoy en el paro, y en la enfermería a Albert Rivera, cuya estrategia política para manejar con buen criterio situaciones de este tipo quedará registrada para siempre en los anales de la historia de los mayores dislates políticos, como lo que no hay que hacer nunca jamás. Me explico.
La jugada, que se inició tras conocerse la sentencia del caso Gürtel, se perfilaba difícil y la carambola a más de tres bandas se antojaba casi imposible, pero la conjunción astral, que acompaña a Pedro Sánchez desde hace tiempo, hizo que el tiro resultase firme, directo y certero. El taco se deslizó con suavidad entre los dedos del ahora presidente del Gobierno y la bola blanca inició su alegre carrera por el fieltro verde, hasta besar con plasticidad la banda derecha y golpear a la otra bola blanca, la del punto. De ese premeditado encuentro, la esfera de marfil salió con un raro efecto, que la llevó de banda a banda, hasta toparse con la bola roja, que esperaba impasible el devenir de los acontecimientos. Punto y partida para Sánchez, que ha visto, como en una semana, los problemas de liderazgo que sobrevolaban los tejados del número 70 de la calle Ferraz han emigrado como las golondrinas, hasta los del 13 de la calle Génova en un pispás. Cosas de la política.
Unidos Podemos, que no anda para muchos experimentos, inmediatamente se puso a la orden, con tal de que la pieza de mayor tamaño cayera como fruta madura. Ya lo dijo Maquiavelo, el fin justifica los medios, y por una vez y sin que sirva de precedente, Pablo Iglesias levantó la mirada y dejo de mirarse el ombligo por un tiempo. Ya veremos durante cuanto.
El resto de partidos que se sumaron a la moción y que hicieron posible el éxito de la misma, debieron pensar que con el PSOE en el gobierno y con Pedro Sánchez en La Moncloa, solo podremos ir a mejor como país y como sociedad, y no les falta razón, porque dolía el alma de ver a tanto mentiroso y a tanto corrupto al frente de las más altas instituciones del Estado. Otra cosa será cuando cada se ponga a hablar de su libro.
En esta ocasión, hacer el don Tancredo a Rajoy no le ha servido para nada, bastaba ver su escaño en el banco azul del Congreso ocupado por un bolso, mientras él ahogaba las penas en el comedor privado de un restaurante de los alrededores, para comprobar que el Marianismo estaba dando sus últimas bocanadas. El registrador de la propiedad de Santa Pola retomará sus actividades en breve, o no, que para eso es gallego, pero lo cierto es que esta moción ha puesto fin, de la peor forma posible, a su dilatada carrera política, y eso que Pedro Sánchez le ofreció, hasta en tres ocasiones, la posibilidad de retirar la moción, sí él presentaba voluntariamente la dimisión, pero que si quieres, prefirió que lo echaran otros, antes que marcharse voluntariamente y reconocer que estaba presidiendo un Partido en el que la corrupción y la mentira se servían cada mañana junto al café con leche. Maneras de vivir, que canta Rosendo Mercado.
Mientras los dirigentes del PNV entraban en la partida jugando con las cartas marcadas en busca de la escalera de color, el pimpollo Rivera, al decir de José María Izquierdo, se tiraba un farol del siglo con una simple pareja de doses entre las manos, y así le pasó, que hizo el ridículo más espantoso, quedándose como único sostén de los populares. El discurso de estos últimos años tirado por la borda en un par de sesiones del Congreso.
Tanto repetir que Ciudadanos había venido para regenerar la vida política española y para traer ese aire fresco tan necesario que acabaría con el bipartidismo y resulta que, cuando hay que estar a la altura, dejando a un lado la calculadora electoral y las encuestas demoscópicas, para mirar y pensar solo en el bien del país, los 32 diputados y diputadas de Ciudadanos se alinean junto al Partido Popular y se quedan con un palmo de narices como únicos defensores de aquellos a los que dicen combatir. El patinazo ha sido de tal calibre, que se puede decir sin temor a equivocarnos, que Pedro Sánchez le ha dado un tremendo revolcón a Rivera, del que tardará tiempo en recuperarse, enviando al paro a M. Rajoy. Daños colaterales, que dijo aquel.
Y para redondear la jugada va Pedro Sánchez y conforma un Gobierno de aúpa que da envidia, en el que las mujeres tendrán un peso específico enorme, que, por otra parte, ya iba siendo hora. Si alguien pensó que le presentaría al Rey un gobierno de circunstancias, para salir del paso y ganar tiempo, es que no conoce como las gasta el presidente del Gobierno. En pocos días ha sido capaz de ahormar un grupo de mujeres y hombres de reconocido prestigio en sus diferentes ámbitos de actuación y me da en la nariz que tenemos gobierno para tiempo, al menos yo confío en que esto sea así.
Pero como los males nunca vienen solos, Aznar, que ha olido sangre, se ha puesto más serio de lo normal y se ha ofrecido a capitanear el centro derecha español, como si a estas alturas de la película, hubiese alguien en España al que le importase algo lo que opine este buen señor. Y es que hay gente que nunca aprende y que no se resigna a no ser el centro del universo. Es lo que tiene el anticiclón de las Azores, que te deja marcado de por vida.
Y mientras todo esto ocurre, tanto el Real Madrid como el Alba, siguen sin entrenador, y el Alcalde de Albacete suspende en el desarrollo del Debate sobre Estado del Municipio, pero de esto último hablaremos más despacio, porque ahora lo que toca es desearle toda la suerte del mundo al Presidente del Gobierno, a mi Secretario General, a Pedro Sánchez.