
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Albacete ha condenado a A.G.S., el asesino de la vendedora de cupones de la ONCE en la ciudad, a prisión permanente revisable, después de que un jurado popular lo considerara culpable del asesinato. Además, ha sido condenado a otro año de prisión por del delito de hurto y a indemnizar en 75.000 euros a cada uno de los padres de la víctima y en otros 20.000 euros a cada uno de sus hermanos. Así consta en la sentencia, contra la que cabe recurso de apelación en la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia por un plazo de diez días.
Los hechos ocurrieron en agosto de 2021 y la desaparición de la víctima, muy conocida en la ciudad causó una gran conmoción, así como las circunstancias que rodearon su muerte.
La sentencia considera probado que la víctima era «una persona frágil y desvalida como consecuencia de su minusvalía y forma de ser». Recoge también, como hechos probados, que, el 19 de agosto de 2021, cuando ella había ido a la casa del acusado para que le pagara una deuda por unos cupones de la ONCE, él le pagó los 50 euros que le debía pero adquirió entonces otra deuda de unos 200, al empezar a rascar otros cupones. Al no querer pagarle en ese momento, dinero que ella le reclama, el asesino le dio un empujón que hizo que cayera y se golpeara en el sofá, sin que ello le produjera lesión, según la sentencia.
El documento considerado probado que entonces ella, estando en el suelo, le dijo que lo iba a denunciar por haberle golpeado y que él «aprovechándose de que la víctima estaba en el suelo y de su fragilidad y limitaciones de movilidad debidas a su minusvalía, de las que era consciente, sin que le diera tiempo a levantarse y reaccionar, se abalanzó sobre ella de forma súbita e inesperada poniéndose encima a horcajadas, sin que ésta pudiera hacer nada para evitarlo y defenderse». Murió por asfixia y entonces él dejó primero el cadáver en una habitación de la casa, para meterlo después en un habitáculo del patio que cubrió con ladrillos y cemento. La sentencia recoge que «iba añadiendo cada día cementos y ladrillo, tratando de evitar que el cadáver fuera descubierto y que se produjeran olores que pudieran delatarlo», como explica la sentencia.
La sentencia indica que, el 24 de agosto de 2021, con anterioridad a su detención, A.G.S. fue interrogado por la policía negando saber dónde estaba la víctima. Dijo incluso que desconocía su número de teléfono.
Después accedió a prestar su consentimiento para realizar una diligencia de entrada y registro en su domicilio, en cuyo inicio A.G.S. manifestó a los agentes que la había matado y que su cuerpo estaba tapado con cemento en el patio.
La condena por hurto es por haberse quedado con los 50 euros que le había pagado a la víctima, así como con algunos de los cupones.
