Suele emplearse la expresión victoria pírrica cuando un equipo gana por los pelos o con un margen ajustado a su adversario. Ahora bien, la otra acepción de pírrica se utiliza cuando un triunfo o victoria se ha obtenido con más daño del vencedor que del vencido, es decir, que has ganado, sí pero, ¿a qué precio? ¿Podría decirse que todo lo que sucede en el conflicto existente entre los toreros que se niegan a torear en la Real Maestranza de Sevilla y la dupla Canorea-Ramón Valencia tiene su parte de pírrico? Diríamos que sí ya que ninguno va a dar su brazo a torcer y todos salen perjudicados en distintos grados aunque cada parte está convencida que lleva la razón.
“Manzanares” no va a torear en Sevilla por solidaridad con sus compañeros, mostrando su parecer en un más que tibio comunicado. Perera y “El Juli” han dado muchos más detalles, incidiendo especialmente en menosprecios personales y reiterados incumplimientos de palabra (reducción de emolumentos, cambios en cartelería/ganadería, por ejemplo). Talavante y “Morante”, de momento, no han dicho esta boca es mía. Por su parte, Pagés expresó en aquella famosa rueda de prensa, con mucha vehemencia y pocos argumentos, que los toreros parecían vivir en una realidad alternativa, arremetiendo de paso contra sus representantes. En resumen, unos por otros, la casa sin barrer. Si tantas tropelías y atropellos hizo Canorea en su día, ¿porqué consintieron la primera vez las figuras? Hay un dicho que dice que cuando no denuncias la primera injusticia estás dejando la puerta abierta para que entren las demás. Mal los toreros por consentir y peor el empresario por faltar a su palabra.
¿Ha sido todo un continuo cúmulo de despropósitos? Los toreros se han negado a torear en Sevilla para hacer frente común, dejando coja la Feria de Abril y en consecuencia sin patas donde apoyarse el empresario en aras de confeccionar los carteles. Pagés intentó reducir las cantidades a pagar, y ahora que no torean, imaginamos que intentará que el abono no se resienta. Seguro que realizará una política atractiva de precios. Pero por si acaso no apuesten al sí… Finalmente, los maestrantes también ven peligrar las cantidades de dinero que reciben anualmente. Todos pierden, nadie gana. Y de fondo, planea la sombra de que todo esto es un palo más en la rueda del carro de la Fiesta.
Así que en eso estamos: cada uno mira por lo suyo, siendo capaces de lanzar piedras contra su propio tejado con tal de que el otro quede en peor lugar. Lástima que entre tanto picotazo en los ojos, la que se va a quedar ciega es la afición hispalense porque, y ojalá no sea así, todo apunta a que puede haber más cemento que público asistente. Tiene bemoles la cosa que en lugar de estar hablando de la reaparición de “Joselito”, el posible regreso a los ruedos de José Tomás o la programación de Las Ventas, tengamos que estar desbriznando todo esto. Aunque ya saben que lo que está de moda es el toreo de despacho y comunicados en lugar del clásico, ese que se ha hecho en el albero toda la vida. Y uno ya no sabe en cuál de los dos sitios dan las peores cornadas.