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Teresa, la estudiante de Enfermería, que se confinó en el Hospital de Villarrobledo para auxiliar a otra mujer

Actualidad CEU

La crisis sanitaria que el Covid-19 está dejando sin precedentes también acumula un reguero de solidaridad que deja historias como la de Teresa Navarro Alarcón, estudiante de 2º de Enfermería en la Universidad CEU Cardenal Herrera y voluntaria en el Hospital de Villarrobledo, que no dudó en responder a la llamada de auxilio de una asociación y confinarse en el centro hospitalario cuidando a una una mujer, de 59 años y con con Síndrome de Down, ingresada por Covid-19.

Su historia, que ha recogido este jueves el diario El Mundo, la detallan en el apartado de medios de su Universidad, donde Teresa destaca qué le llevó a tomar la decisión. Desde que se decretara el estado de alarma y hasta el 1 de abril, Teresa pasaba este tiempo junto a sus padres y sus tres hermanos en Villarrobledo, de donde es natural. Y es allí, donde recibió una noticia que cambiaría su vida. Desde la asociación Futucam de Castilla La Mancha lanzaban un SOS, buscando un voluntario que quisiera ayudarles y acompañar a Concepción, hospitalizada por Covid-19 y neumonía grave. “No me lo pensé dos veces, era el momento de actuar”, explica Teresa a su Universidad que, a la mañana siguiente de presentarse voluntaria, ya estaba junto a Conchi.

Recuerda que estaba jugando con sus hermanos cuando «me llama mi madre un poco seria diciéndome que estaban buscando una voluntaria con carácter de urgencia. Le llegó un mensaje de una amiga que también se lo habían reenviado y, por suerte, había llegado a mis manos».

Explica que «pasó todo muy rápido, al día siguiente hice la maleta lo antes posible pues no podíamos perder tiempo y a las 11 de la mañana ya me encontraba dentro de la habitación. Fue bastante impactante al encontrar a Conchi atada a la cama (para evitar que se quitara el suero y la mascarilla) y temblando de miedo, no oía nada por no tener los audífonos y se encontraba desorientada, no sabía dónde se hallaba».

«Yo no conocía a Conchi de antes, pero lo primero que hice fue sentarme al lado suyo en la cama, quitarle las ataduras y darle la mano hasta que se relajara, a veces se despertaba y me miraba para ver si seguía con ella y después se volvía a dormir», recuerda.

«Bueno el día a día al principio era un poco más difícil.  Los primeros días le daba la comida en la cama al no tener ella fuerzas para levantarse. No hablaba nada durante esos días y eso me bajaba la autoestima ya que todo el mundo me decía que hablaba un montón, pero me tranquilizaba a mi misma de que todo esto para ella era muy difícil. Me traje los libros de la Universidad para hacer tareas mientras ella dormía o en los momentos que ella estuviera relajada, pero no tenía tiempo para eso. Muchas noches tenía que cenar a las tantas ya que intentaba que se durmiera y no se quitara el oxígeno. Y el resto de días igual, tenía que estar encima para que no se quitara la máscara del oxigeno, en ese tema tenía que estar muy atenta ya que para ella el oxígeno era muy, muy importante. Durante la noche se movía mucho y una de las noches no me di cuenta y se quitó la máscara, me tuve que exigir a mi misma que no podía tener otro fallo tan importante», rememora.

Teresa, que dio negativo en la prueba del Covid-19 pese a haberse confinado 12 días con Conchi, recuerda que los profesionales sanitarios «solo entraban para dejar la medicación, tomar las constantes y la glucemia. Ellos estaban viviendo momentos de gran tensión, por todo esto que está pasando y todo el estrés que hay tanto en este hospital como en el resto de hospitales del país».

Recuerda que «a Conchi cada vez la veía más recuperada. El viernes 10 de abril los profesionales se encontraban fascinados por su recuperación, y el médico me dijo que había probabilidad de que nos dieran el alta el sábado 11, pero le hicieron una analítica antes y había algunos parámetros alterados. Tuvimos que pasar otro fin de semana en la habitación hasta que llegara el lunes y le hicieran otra analítica. Tengo que decir que ese finde nos divertimos mucho Conchi y yo, no nos importó pasarlo, aunque a ella ya se le notaba cansada y me decía que la siguiente vez no volvía al hospital!!!!. Llegó el lunes y fue el día en el que más nerviosa estuve, sabía que había mejorado ese fin de semana pero cualquier parámetro afectado podría tener consecuencias. A los minutos llegó la médica dándonos la enhorabuena, nos íbamos a casa!. Como supondréis seguí llorando de la felicidad que tenía, al pensar que, como dije anteriormente, nos iba a sacar a las dos sanas y salvas, costase lo que costase y así fue, ya éramos libres».

Ahora desea que todo pase para poder volver a ver a Conchi.

Muy solidaria, detalla que «decidí que quería formarme en Enfermería cuando en 2008 fuimos a por mi hermana, adoptada en Etiopía. Fuimos toda la familia, y vi que el mundo necesitaba un cambio drástico tanto en pobreza como en trato a la gente, y lo único que podía hacer para acercarme a ellos era a través de la Sanidad, para su bienestar. En 2014 volví sola, de voluntaria, a cuidar a los niños en una casa de adopción en Etiopía.