El curso pasado, y según el informe del Ministerio de Educación, en Castilla-La Mancha había 239 alumnos con altas capacidades, es decir con un cociente intelectual superior a 120, que si pasa de 130 se considera superdotado. Ese informe, en 2014, cifraba en 12.490 los alumnos con “altas capacidades” que había en todo el país sobre un total ocho millones de estudiantes. Sin embargo, los expertos aseguran que entre el 10 y el 15% de los niños superdotados o con altas capacidades están sin detectar.
De hecho, recientemente, en Albacete se celebró una prueba provincial para detectar estos casos y se ha puesto en marcha el Programa Despierta para dar respuesta a las necesidades de estos alumnos.
Los expertos recuerdan que hacen falta más recursos para atender a estos alumnos, puesto que su inteligencia puede confundirse con problemas de falta de atención y acabar en fracaso escolar, en lugar de en un alto rendimiento.
Además, expertos nacionales advertían a El País que “el principal problema es que la ley estatal no define qué es un niño de altas capacidades y cada comunidad autónoma ha puesto su propio criterio y metodología. Un alumno puede ser superdotado en Andalucía, pero no en Madrid”. La estadística apoya su teoría: Andalucía (8,38 millones de habitantes) suma 3.957 alumnos de alta capacidad; en Cataluña (con una población de 7,4 millones) son 233, según las cifras ministeriales.
“Fallan los sistemas de detección porque suele confundirse superdotación con alto rendimiento, con sacar sobresaliente en todo. Y es ridículo, porque un niño superdotado suele estar desmotivado y aburrido. Lo más probable es que termine engrosando las estadísticas de fracaso escolar, porque, como no les identifican a tiempo, se acostumbran a no esforzarse, y cuando llegan a la ESO suspenden pues no han aprendido a estudiar”, advierten.
E indicen en que “los equipos de orientación de las consejerías tardan en ponerse en marcha. En general, hay pocos recursos y los que hay se destinan a los otros alumnos con necesidades educativas especiales, los que están por debajo de la media. Es muy difícil que suban de curso a los superdotados, pese a que es la mejor medida. Algunas comunidades, como Madrid, tienen clases especiales los sábados. Está bien, pero es insuficiente. Otras no hacen nada”.
Y advierten que, si se detectaran todos los casos, no habría recursos para atender a todos los superdotados que se constatarían. “No hay medios para dar una respuesta inmediata a esos niños. Es un tema relativamente reciente y queda mucho por hacer, sobre todo en la formación del profesorado y en la respuesta educativa que se da a estos alumnos”.