Por Carlos Garrido
El cuchillero, al frente desde hace 23 años de su negocio en la plaza de la Catedral, reivindica la tradición del sector y advierte: “La cuchillería no va a desaparecer; lo que corre peligro es la artesanía”
Hablar de cuchillería en Albacete es hablar de tradición, de historia y de un oficio que ha pasado de generación en generación durante siglos. Uno de los nombres propios de ese sector es Juan Andrés Barbero, artesano y comerciante que desde hace 23 años regenta junto a su mujer la tienda “La Casa de las Navajas”, ubicada en pleno corazón de la ciudad, frente a la Catedral y junto al Museo de la Cuchillería.
Su vinculación con este oficio, sin embargo, viene de mucho antes. Juan Andrés pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la cuchillería, una historia que comenzó en 1945, cuando su abuelo fundó el taller familiar en Albacete.
“Primero fue mi abuelo, luego mi padre y después continué yo. Ahora somos mi mujer y yo quienes estamos al frente. Yo me encargo de fabricar las piezas y ella de atender a los clientes en la tienda”, explica.
Todo lo que se vende en su comercio, asegura, procede de su propio taller, situado también en la ciudad. Un modelo que apostó por reforzar cuando en 2004 decidió abrir el negocio en el centro para vender directamente al consumidor.

La competencia de las imitaciones
La decisión de abrir la tienda también respondió a un problema que el sector lleva años denunciando: la llegada al mercado de productos importados que se venden como si fueran navajas de Albacete.
“La competencia desleal del mercado asiático hizo mucho daño. Se estaban vendiendo copias de mala calidad y mucha gente pensaba que estaba comprando una navaja de Albacete cuando en realidad venía de China”, señala.
Por ese motivo, Juan Andrés apostó por un modelo claro: fabricar y vender directamente su propio producto, garantizando así al cliente su origen.
“Todo lo que tenemos aquí es fabricación propia. Queríamos que el consumidor supiera que está comprando un producto hecho en Albacete”.

Defender la tradición desde APRECU
Además de su trabajo como artesano, Juan Andrés ha tenido también un papel importante en la defensa del sector. Durante 14 años fue presidente de APRECU (Asociación Provincial de Empresarios de Cuchillería y Afines), etapa en la que trabajó para proteger la tradición cuchillera de la ciudad.
Entre las iniciativas impulsadas durante su mandato destaca la creación de la marca de garantía “AB Cuchillería de Albacete”, un distintivo que certifica que el producto ha sido fabricado en la ciudad.
“Es una marca que garantiza el origen del producto y que sirve para que el consumidor no sea engañado. Es propiedad del Ayuntamiento, que vela por su buen uso, pero somos los cuchilleros quienes nos beneficiamos de ella”, explica.
Para él, esta marca supone una herramienta fundamental para proteger una tradición que forma parte de la identidad de Albacete.

El papel de los albaceteños
Durante sus años al frente de la asociación, Juan Andrés siempre ha insistido en una idea: el papel clave que tienen los propios ciudadanos en la difusión de la cuchillería. “Siempre digo que los verdaderos embajadores de la cuchillería son los albaceteños”, afirma.
Según explica, cada vez que alguien decide regalar una navaja o un cuchillo de la ciudad está contribuyendo a mantener viva esta tradición. “Cuando viajamos fuera podemos llevar un queso, pero también una navaja de Albacete. El queso se acaba, pero la navaja perdura”.

El futuro del oficio
Aunque la cuchillería sigue siendo un sector fuerte en la ciudad, con alrededor de un millar de trabajadores, Juan Andrés reconoce que existe una preocupación dentro del sector.
“La cuchillería no va a desaparecer. Llevamos seis siglos de tradición y siempre se va a fabricar cuchillería. Lo que puede desaparecer es la artesanía”.
El artesano, explica, es quien domina todo el proceso de creación de una pieza, desde la materia prima hasta el producto final. “El artesano es quien sabe coger un cuerno de toro en bruto y transformarlo en una navaja. Esa figura es la que corre peligro”.
A pesar de ello, asegura que el trabajo artesanal sigue teniendo una gran demanda, especialmente entre coleccionistas y aficionados. “El entendido sabe perfectamente lo que es una navaja de Albacete y lo que es una navaja fabricada fuera”.

Una tienda con historia
La tienda que hoy regenta Juan Andrés en el centro de Albacete también tiene su propia historia. Su nombre, “La Casa de las Navajas”, surgió de una manera muy especial.
“Cuando estábamos pensando cómo llamar a la tienda, mi hijo, que tenía entonces ocho años, me trajo un papel donde había escrito ‘La Casa de las Navajas’ y había dibujado incluso el logotipo. Nos gustó tanto que decidimos ponerle ese nombre”.
Una anécdota familiar que, más de dos décadas después, sigue formando parte de la historia de este comercio situado en la plaza de la Catedral, justo frente a su puerta principal y junto al Museo de la Cuchillería. Un lugar desde el que Juan Andrés continúa defendiendo un oficio que forma parte del ADN de la ciudad.





