
El Albacete Balompié se ha impuesto por 3-1 al Osasuna en el primer partido de la nueva era de Ferrando. Un encuentro con cerca de 5.800 espectadores en un Carlos Belmonte que acabó siendo una fiesta al grito de «sí, se puede». Cuánto necesitaba el Alba esta victoria para lograr el objetivo de la permanencia, está complicado pero se puede, no hay duda.
Abrió el marcador Pulido, en el minuto 20, en una jugada a balón parado. El defensa, que el viernes perdía a su abuelo, dedicó el gol al cielo y lo celebró con la rabia propia de quien ha pasado una difícil semana también tras el gol en propia puerta en Zaragoza pero que conseguía abrir una etapa más óptima para el Alba.
Pasada la media hora de juego amplió al 2-0 Fede Vico, en una jugada con polémica al reclamar Osasuna falta previa y donde parecía que el meta rival había tocado el esférico antes de que se colara al fondo de la red, aunque finalmente el árbitro le daba el gol a Pulido.
Al filo del descanso, Urko Vera acortaba al 2-1 en un error defensivo del Alba pero no acabó con la ilusión y la garra de un Albacete Balompié que tenía claro que el objetivo de la salvación pasaba por lograr esta importante victoria frente al Osasuna.
En la primera parte no hubo muchas más ocasiones claras de gol pero si hay un equipo que creó más peligro fue el Albacete Balompié de César Ferrando.
En la segunda mitad los equipos se alternaron el dominio pero el Alba tiró de garra y buscó el tercero. Llegaría de penalti, en el 86, obra de Rubén Cruz que había salido unos minutos antes.
Otros jugadores como César Díaz y Curto habían tenido antes ocasiones para ampliar el marcador, pero unas veces el esférico se fue a las manos del portero y otras fuera. Apoyados por hombres como Antoñito o Portu se dejaron la piel en el terreno de juego para crear ocasiones y aumentar la renta en el marcador.
En la jugadas a balón parado el hombre clave en este partido fue Fede Vico.
También dio velocidad al juego Jason, que salió avanzada la segunda mitad, por César Díaz.
Importantísima victoria de moral en un Belmonte que fue una fiesta durante los 90 minutos y que despidió con ovación a los jugadores, que dejaron el campo muy emocionados. Esta vez de alegría. Ya nos tocaba.
